Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: Momentos que disfrute viendo cine

Lost in translation

La película Lost in translation fue escrita y dirigida por Sofia Coppola (hija de el gran Francis) y narra la estancia en tierras orientales (Tokio) de dos personas aparentemente opuestas pero con algo en común, la soledad.
Bob Harris (Bill Murray) es un famoso actor en declive que intenta mantener su estatus económico (en realidad el de su mujer) a base de participar en spots publicitarios y a lucir palmito en los más variopintos programas de televisión (divertidísimo el Matthew´s Best Hit TV), mientras que Charlotte (Scarlett Johansson) es la reciente esposa de un joven y laborioso marido que no para de trabajar. Ambos están solos y se alojan en el mismo hotel.
Esta película es muy especial por muchas razones. Entiendo perfectamente que haya muchas personas que la consideren aburrida, y que tampoco es para tanto ya que prácticamente no ocurre nada (eso no es cierto, pero lo parece). Pero toda la película queda impregnada por la complicidad de dos corazones solitarios que lo único que quieren es que alguien les quiera.
Las secuencias que me han hecho disfrutar del cine en esta película son dos, simples, pero de una intensidad emotiva por la que vale la pena gastarse unos eurillos y mantener ésta obra entre las más preciadas de mi colección.
En la primera de ellas tenemos a Scarlett y Bill pasando la noche en un karaoke improvisado en el cual la mirada de éste al verla a ella en el escenario es de lo más tierna y triste que he visto en mucho tiempo.
Pero la gran secuencia de la película llega cuando todo se termina. Se despiden y cada uno va por su lado. El sube a un taxi y va en dirección al aeropuerto, mientras que ella vaga, otra vez sola, por las calles iluminadas de Tokio. Se cruzan en la calle y entonces…no pienso estropear el momento más importante de esta película. Simplemente hay que estar un poco atento a esos susurros inaudibles para comprender el porqué a veces menos es más, y como el amor tiene muchas formas de mostrarse al mundo, y no todas son sexuales.
Recomendada a todos aquellos románticos solitarios que hayan visto pasar ante sus ojos ese amor imposible.

El pianista

El cine me ha gustado desde siempre. Recuerdo con entusiasmo, y mucha ternura, las tardes que acudía con mi padre y mis primos a Las Palmas (hace años si quería ver cine ibas a la capital), a ver aquellas peliculas que se conviertieron en las primeras (E.T.) de una serie de tantas con las que comencé a disfrutar.
Supongo que ahí nació mi afición. Posteriormente vendría mi etapa de pánico a todo aquello que tuviera más de un rombo y televisara Chicho Ibañez Serrador, y el paso, más tarde, a mi época de masoquismo cinematográfico con la fagocitación de todo tipo de imágenes variopintas (Bud Spencer, Rambos, Parchis, veía muchas cosas, lo reconozco).
Cuando mi poder adquisitivo se incrementó, comencé a comprar libros y revistas de lo que me gustaba. Se inició la serie con Fantastic Magacine, y esa publicación llevó a otra, de ahí a algún libro, y así pasaron loa años, y las películas.
Hasta que un día cualquiera me dí cuenta de que si los compañeros preguntaban por tal actor, o la película en la que salía no se quien, que estaba basada en aquello y demás, miraban hacia mí como si fuese el portador de una verdad divina. Ese día entendí que me había convertido en un cinefago empedernido.
Ahora veo todo, una vez superdado mis miedos. Prefiero el género de Terror, aunque esté ya muy desprestigiado, pero le doy al cine de autor, asiático, experimental, muchas cosas.
Hoy quiero empezar una nueva sección dedicada, no a las películas que más me han gustado, sino a las secuencias que guardo en la memoria por algún motivo especial. Habrán algunas clásicas, pero mucho de los 80-90, porque no soy una persona que prefiera lo antiguo, aun reconociendo sus virtudes, sino soy esclavo de mi tiempo.
Y empezaré por El Pianista, de Roman Polanski
El pianista incluye momentos magistrales de toda índole, desde miradas desesperanzadas hasta llantos de arrepentimiento por acciones pasadas con consecuencias dramáticas (madre que no puede callar), Pero si hay algún momento que me puso la piel de gallina en esa película, es aquel en el que el ejercito aliado la emprende a tiros contra el pianista por lleva puesto un abrigo del éjército alemán. En uno de los diálogos más impresionantes que recuerdo, el soldado, al darse cuenta de su error le pregunta al pobre Szpilman que por qué llevaba puesto el abrigo, y el, con la mayor naturalidad del mundo, aún confuso por las penalidades que ha pasado le responde:
-Tenía frío.
Esta secuencia es magistral. Toda la pelicula lo es, pero me quedo con ese momento para inagurar la sección del blog "momentos que disfruté viendo cine"