Llevar a tu hija a la piscina por primera vez es una experiencia semejante a escuchar un nuevo proyecto de Björk o leer algún artículo del genial jurfendu. No sabes por donde van a salir, pero seguro que te acaba gustando.
La situación fue la siguiente:
Tras una larga jornada laboral de diez horas nocturnas, la niña comienza su andadura por los reinos de Poseidón a las 11:30 de la mañana, dándome el lujo de planchar la oreja durante una hora y media consecutiva. Lo suficiente para que las fronteras de mis globos oculares se vistieran de luto durante los próximos tres días libres que empiezo a partir de hoy. Creo que el contorno de ojos de Margaret Astor de mi mujer va a tener mucho que hacer esta semana.
Gráficamente podíamos ver a la niña, preciosa con su bañador de tiras cruzadas a la espalda y sus dibujitos disney, yo acarreando tantos bolsos como para irme de acampada, y el resto de las madres, con sus respectivos hijos.
En cualquier otra situación sería el hombre más feliz del mundo, rodeado allí de mujeres y con una niña en brazos, pero cuando el monitor me susurró que tenía que llevar un gorro de silicona, en la cabeza, la cosa dio un giro de 180º.
Yo no es que tenga la cabeza grande. A decir verdad, el cuerpo lo tengo pequeño, y al tocar el agua se me encogió. El cuerpo también. Ese mismo gorrito se lo pones a Spiderman y queda sexy, pero yo parecía un pitufo Hare Crismas.
Y cuando la niña acaricia con suavidad el agua… El ruido de las sirenas me hizo sospechar que algún que otro cabrón había tenido la genial idea de encender una barbacoa o una colilla para completar el desastre que llevamos de año. Pero no, era la niña que se había transformado en un gato. Arañaba y funfurraba algo así como frz zzz rrfffffzzzz (traducido deduje que era en como me sueltes te vas acordar de mi toda la noche listillo.
Pero terminó por gustarle la piscina. Y al poco tiempo sus ojos dejaron de aumentar el caudal de la misma y una cascada de agua gelatinosa empezó a manar de mis labios de forma incipiente hasta que nos fuimos.
Fueron 45 minutos de auténtico karma. Fueron 45 minutos de amnesia hacia lo que ocurre alrededor.
Estoy deseando repetir el próximo día
6 comentarios
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No sé porqué, esa situación me resulta familiar. Pero nunca me la había planteado de esa forma tan humorística. ¡¡genial!!.
Ya me lo comentastes anoche. Me alegro que a pesar del cansancio disfrutaras del momento.
Lo que me gustaría saber, a cuál piscina vas, para no nadar entre tus babas...jajajaja
Y no tienes ni la cabeza grande, ni el cuerpo pequeño, es que los demás no tenemos medidas Davidianas... juas juas juas.
Descansa monstruo
ya verás , ya verás cuando tu niña se convierta en sirena y como dice yeyo llenes la piscina con tus babas
Saludos
Jajajajjajaj estas loco Davinnnnnnnnn.....muy buena la paginaaaaaaa....... Esa sobrinita miaaaaaa, mmmm....no se ke mas poner..... cuac! besos!!!!
Hola, dejando saludos y leyendo tus trabajos.
Sharito
... perdón de cajeros, que se encontraban disponibles en ese momento. Venía de la piscina con la niña, por lo que estábamos realmente cansados del ajetreo que supone todo lo referente a la natación...