400 años hace ya de la publicación del Quijote, la por muchos considerada mejor y más importante obra de la historia de la literatura universal.
El genial Miguel de Cervantes supo adelantarse a su tiempo e ingeniárselas para plasmar la eterna lucha entre la cordura y la sinrazón entre dos de los personajes más carismáticos que han sido plasmados en papel, y con ello perpetuar e nuestras mentes, y corazones, el anhelado sentimiento de enfrentarnos solos ante las más diversas causas, siempre perdidas, contra las que nunca vamos a poder acabar.
Por eso, y otros motivos, he vuelto a intentar de nuevo (no se cuantas veces llevo ya) la lectura de éste clásico donde los haya.
Pero no puedo.
Me supera. Consigo entender una línea y media del primer párrafo y después me pierdo.
”En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme” es una frase sencilla, directa y comprensible que digiero sin dificultad, pero lo que viene a continuación, así como el resto de la obra, es para mí algo parecido a leer el código de etiquetas html (palabras comprensibles que en su conjunto no me dicen nada).

”Lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” significan para mi inculta mente que tenía un perro pulgoso y poco más.
El castellano antiguo tendría sus virtudes. Fue Es una lengua preciosa y con mucho sentido. Dio origen a nuestra actual forma de hablar. Pero también procedemos del latín y yo tampoco entiendo los textos en latín.
Sin ir más lejos, me resulta más sencillo y comprensible entender a Shakespeare, en el que los más bajos y puros sentimientos de la condición humana salen a relucir entre todas las capas sociales.
Así que no quiero estropear el IV centenario, pero me da la impresión de que necesito otros 200 años más para poder pasar al capítulo 2 de la genial obra de Cervantes y poder así disfrutar de la misma.