No hay cosa que me moleste más que un insecto díptero revolotee alrededor de mi cabeza cuando intento descansar, en especial a la hora de la siesta. Es que es superior a mí. Ya sea mosca o mosquito, los muy hijos de larva que los parió se dedican esos pocos minutos que uno tiene para abrazar la almohada a pasar el rato fastidiando al personal.
¿Qué les he hecho yo? .Si hasta me porto bien con ellos. Les dejo con cierta frecuencia las sobras en los platos de comida cerca de la ventana. Hasta en ocasiones les pongo un vinito.
Pero nada, ellas a lo suyo. No las veo en todo el día hasta que me da por cerrar los ojos. Si es que tengo miedo hasta de parpadear, no vaya a ser que me saquen su lengua y se burle de mí mientras se frota las patas como diciendo: te tengo a tiro. Tengo los ojos cubiertos de forma permanente con colirio, ya que están mas rojos que el culillo de Gaspar Llamazares.
Es como si te susurraran al oído: ¿Te acuerdas de aquella vez que matástes a aquella damicela de ojos verdes?. Pues era mi novia y estoy aquí para vengarla. Brzzzzzz zzzzz zzzz.
¡Que horror!.
Luego no hay forma de cogerla. Los insecticidas que compro parece que las engorda. Y la he intentado cazar con las manos, pero no hago más que golpearme contra la mesa. Parece que en vez de brazos tengo chupachups.
Así todo el tiempo hasta que decido no dormir más. Me doy por vencido y enciendo la tele para ver una película. Estas moscas tienen que ser muy cultas, porque basta que ponga alguna cosa interesante para que se queden tiesas frente a la pantalla como moscas Entendería que lo hicieran cuando pongo una película de Zhang Ziyi, pero, ¡joder! Si hasta con Woody Allen se queda clavada viendo sus magníficas obras.
No puedo con ellas. Cambio de canal, sale El diario de Patricia o el de las cajas, y los bichos de van, ahora sí, a comerse los restos de pollo.
Al final del todo, resulta que el insecticida no era del todo malo (bueno gasté ¾ partes del bote supuestamente concentrado). Pero la mosca termina en el suelo y comienza a bailar en círculos. A lo peor resulta que está perreando la música que sale en telecinco y danza como diciendo Dale don Dale.
Y entonces yo, con la chola en la mano (la zapatilla) empiezo a dale don dale hasta que deje de moverse.
Le había cogido cariño y todo. Pero ya no está entre nosotros. Sólo espero que no tenga muchos amigos que vengan a su funeral.