Uno de los grandes mitos existentes en la humanidad es la idea helénica de la presencia de tres diosas encargadas de hilar un débil hilo de seda, simbolizando la vida de cualquier persona o Dios, el cual se encargan de cortar a su antojo en un momento determinado y así acabar con la vida del pobre elegido.
Eran las Moiras, hijas de la noche (Nix). También se piensa que eran hijas de Zeus, que no soltaba una para irse con otra, pero lo más consensuado es la primera opción, ya que Nix era capaz de concebir por sí misma (esta idea le gustará a más de una).
Las Moiras se llamaban Cloto (la que hila), Láquesis (la que asigna el destino) y Átropos (la inflexible)
Son las diosas encargadas del destino, ya que permiten el nacimiento de la persona, regalan a la vida de cada uno suertes o penalidades varias y finalmente, cuando ellas decidían (en verdad se encargaba Átropos) sesgaban el hilo, y con ello, la vida.
Son mitos, creerlos o no es cuestión de cada uno. Al fin y al cabo la religión católica, y toda la que se precie, se basa en estos acontecimientos para originar metáforas sobre las banalidades de nuestra existencia. ¿Como si no explicar el diluvio universal, o la apertura del mar egeo por parte de Moisés?
En lo que a mi concierne, me vale el mito de las Moiras. Es la explicación más creíble que encuentro, por el momento, ante los acontecimientos que me rodean. No hago más que ver el telediario para darme cuenta que no somos nada y en el trabajo, donde vemos todos los días como a las personas les cambia la vida en cuestión de minutos, la muerte está ahí, esperando por todos, eso es cierto. ¿Qué explicación darle a esos golpes de la vida?
Ninguna.
Éste es un artículo optimista, a pesar de que en ciertos momentos me duele. Quizás no lo hubiese escrito así ayer, fue un día duro, pero hoy es distinto. Hoy me siento feliz.
Debemos adaptarnos y disfrutar de lo más precioso que nos han concedido estos Seres mitológicos. Disfrutar de la vida que tenemos. Echen un vistazo alrededor y cojan lo que realmente les importa entre brazos. Podría ser que sea algo así como un coche, una casa, no lo sé. En ese caso no hace falta cogerlo en brazos. Vale con acariciarlo.
Yo lo hago con mi niña y mi mujer. Hay muchas más razones, incluidos familiares y amigos, pero es lo que ahora tengo a mano y me importa.
Bésenlos con suavidad, huélanlos, rócenlos, abrácenlos, muérdanlos. Disfruten de la sensación de plenitud que les aporta. Escondan en la mente el resto de las nimiedades y permitan que fluya desde dentro todo lo que tienen y para gastarlo con los suyos. No escondan el amor que sientan y compártanlo con ellos porque es lo más puro que tienen en su corazón.
Puede que algún día Átropos decida terminar con todo, pero mientras tanto, yo voy a disfrutar de lo que me han dado. Mi hilo no va a ser más fuerte, pero quiero que su seda tenga más calidad.