Una de las últimas decisiones tomadas por el gobierno iraní es la de retomar el desarrollo de fuentes energéticas nucleares para beneficiarse de las enormes ventajas que se asocian a su uso, es decir el suministro eléctrico a nivel nacional, la reducción de emisión de CO2 a la atmósfera (con un ahorro de 700*106 de toneladas anuales) y la disminución del consumo de los tan contaminantes recursos fósiles.
Todos conocemos, o intuimos, las consecuencias desastrosas que puede ocasionar a la humanidad el uso de tan peligrosa mercancía. El efecto que primero viene a la mente es la posibilidad de las temidas fugas radiactivas y su consecuente efecto mutante para las células de los organismos vivos (al fin y al cabo los EEUU llevan usando la tecnología nuclear y tienen un presidente cuya única explicación es una mutación genética). También tenemos las devastadoras explosiones, que tan malos recuerdos traen a los europeos, sobre todo del Este.
Sin embargo, la crítica formal ejercida por los países occidentales (UE) y la del gobierno estadounidense hacia su homónimo iraní me resultan, como mínimo, hipócrita.
Reconozco que cualquier estado que juegue con esas tecnologías corre el riesgo de quemarse, no encuentro ejemplo más claro. Además, el uso de las mismas deriva, con probabilidad, en fines mal llamados defensivos. Pero no entiendo el por qué unos pueden y otros no.
La situación fronteriza de Irán con su vecina Pakistán es, ciertamente, motivo de preocupación. Sobre todo por su conflicto histórico tanto tiempo prolongado. Pero en este planeta, o jugamos todos al mismo juego o pinchamos la pelota.
Ya sé que el integrismo islamista está ahí presente. Que es un riesgo que la energía llegue a manos equivocadas. Puedo ser, y soy, muy ingenuo. Y más en los terribles tiempos que corren. Pero veo que a diario aplicamos los países “civilizados” armas de destrucción mucho más masiva sin que se nos aplique ninguna llamada de atención por parte de las naciones unidas (embargos comerciales a países en vías de desarrollo, vertido de alimentos en buen estado a la basura, vacunas a precios prohibitivos…)
60 años se cumplen ya de la mayor masacre organizada por el ser humano con sólo pulsar un botón. Todo se puede superar, por desgracia.
Esperemos que por una vez el ser humano ejerza la supuesta supremacía racional que lo separa del resto del género animal. Aunque las bestias sólo matan para su alimentación.