A veces me da por pensar en la importancia de mantenerse ignorantes en diversos aspectos de la vida cotidiana. Importancia, sobre todo, a nivel económico.
Me refiero al desconocimiento de los placeres cotidianos que encuadramos dentro de la gula y, en menor medida, a la estimulación olfativa.
Hace no muchos años, en periodos de penuria económica de posguerra, las pobres familias españolas no disponían de suficientes recursos monetarios ni materiales como para llenar la despensa de suculentos manjares y placeres exóticos. Aquellos que, con suerte, disponían de los ingredientes necesarios para preparar un sabroso guiso eran los más afortunados, ya que la mayor parte de la población se contentaba con un poco de pan y algo de leche para subsistir.
El inicio de la democracia, y el posterior auge económico, propiciaron la aparición de diversas delicatessen culinarias que han ido modificando los inertes paladares de nuestros padres y abuelos.
Pero fue entonces cuando entro en escena nuestra generación, y decidió de forma errónea probar todo tipo de manjares que nos ofrecían los nuevos tiempos. Una vez saboreados, ¿Qué fue lo que ocurrió? La adicción y el olvido de la sencillez de lo cotidiano.
Pongamos un ejemplo:
Para cualquier tipo de celebración en estas fechas tomamos la inútil decisión de tirar la casa por la ventana y comprar una pata de jamón, de esas que terminan en pezuña negra. Para acompañarla, nada mejor que optar por alguno de los excelentes caldos de la tierra. Preparamos la mesa con toda la ilusión del mundo, copas, servilletas a juego con el mantel, música ambiental…
Todo perfecto hasta que nuestros sabios progenitores les da por probar, con extrañeza, la nueva cocina. Es entonces cuando fruncen el ceño, buscan una lata de aceitunas y abren una botella de clipper de fresa.
Tú quedas como un idiota al haberte gastado tanto dinero en tonterías que, pensándolo fríamente, no tienen ningún sentido.
Porque ¿quien es capaz de decidir lo que es bueno y lo que no? Ahora, con el tiempo y el dinero perdido, pruebo los vinos de tetra brik y me resultan realmente espantosos. Ácidos y amargos. Lo mismo ocurre con los jamones de toda la vida, esos salados que tardabas ocho minutos dándole vueltas en la boca hasta que conseguías tragarlo, no sin dificultad. Antes me parecían una exquisitez, pero ahora…
Por eso pienso que alguien nos ha engañado, al menos a los curiosos catadores como yo. Seguramente, si no hubiese probado nada de eso, seguiría siendo igual o más feliz que ahora. Y encima con muchos euros más.
Quizás sea esa la razón del por que los mejores platos de comida son los tradicionales.
No nos damos cuenta de donde venimos y olvidamos con demasiada frecuencia nuestros orígenes. Esa es la ventaja que tienen nuestros mayores y lo estúpido que, con relativa frecuencia, podemos llegar a ser.
7 comentarios
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Las cosas no por costarnos un ojo de la cara saben mejor. Yo echo de menos los sitios donde se hacía comida más casera, se están perdiendo sabores.
Los tomates ya no huelen a tomates, el pan ya es baguette, los melocotones no tienen sabor, hay 50 variedades de lechuga... Cuando voy a ver a mis padres a un pequeño pueblecillo como mejor que en mi ciudad y mucho más barato. Aunque también allí llegaron los cambios , más lentamente pero tampoco es como hace años...
En mi casa colgaba em la cocina un azulejo de los de mi abuelo (era azulejero, el buen hombre...) que rezaba: "El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo". Además, la vida está para ser disfrutada y el dinero, gastado (vale, sí, está claro que sin derroche.. pero un capricho de buen jamón y buen vino...).
Muchas veces nos agobiamos pensando en el dinero, en que no llegamos... pero si intentáramos darle a cada cosa la importancia justa, ¡qué maravilla! Y lo dice una tremendista exagerada, que conste.
Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la Gran Felicidad.
(Aguardo tus comentarios... gracias... ;o) )
Opto por el placer de lo cotidiano y casero, coleguita. Aunque nunca está de más "salirse del plato" en alguna ocasión importante. Los buenos momentos hay que saborearlos de alguna forma diferente, sin que eso suponga un alto dispendio económico por nuestra parte...Aunque, ya se sabe, lo bueno se paga... Saludos, forrest, jejeje...
La verdad es que, como todo estudiante que se precie, el dinero no da para mucho más que algún vino de tetra brick y poco más. Sin embargo, he de decir que cuando teníamos algo que celebrar en el piso lo hacíamos con una buena paella. Es más, entre todas, intentábamos darle el sabor de la de nuestras respectivas madres. Es verdad que al principio de irme de casa sí que buscaba otros sabores y aprendí a cocinar los platos más raros. Pero ahora, la mayoría de veces estoy deseando volver a casa para comer lo que hace mi madre ¡Qué buena está la comida de toda la vida!
Gracias a todos.
Septiembre: Me parece que con esto de la globalización van a quedar muy pocos lugares en donde no lleguen las hambueguesas precocinadas.
Antares: Muy bueno lo del azulejo. Hay que disfrutar de los placeres, pero hubo un tiempo en que las cosas sencillas eran auténticas delicatessen.
Logoss: Por desgracia lo bueno se paga, ya que sin fuera gratis a nadie le importaría.
Pilar: La de cosas que hacíamos en nuestra época de estudiante. Aún recuerdo aquellas pizzas con masa del triple de tamaño y que sabía a rayos, jeje.
Querido amigo, como habrás podido observar en mi "ruta culinaria", no me atraen ni los neones ni nada por el estilo... Además busco un sitio en donde me traten bien (el otro día fuimos a comer a las Coloradas a un sitio llamado "pijo" y me pareció todo tan artificial. Que engañen a los ricos, pensé, porque a mí el sitio me pareció una m......).
Está claro, como las cosas que hacen nuestros viejitos no hay nada: "esos mojos, esas croquetas, esos quesos, esos potajes..." Hay que buscar la buena comida en lo tradicional, si te vas a "nueva cocina esa", te cobran un dineral por la novedad y sales muerto de hambre...
Un saludo
A mí, donde se ponga un buen puchero o un guiso de papas, que se quite lo demás!:)
Saludos!