Un golpe de inspiración
Existen a lo largo de los días algunos momentos que resultan especiales. Como la famosa propaganda, no tienen precio.
Verán, andaba yo pensando en cualquier tema de debate que sirviera para activar mis escasas neuronas y, de paso, ayudarme a improvisar alguno de éstos efímeros artículos con los que aumentar mi vanidad de aspirante a todo cuando, como caído del cielo, me llegó un golpe de inspiración.
La escena fue la siguiente: En el asiento del conductor estaba yo ojeando las líneas del periódico de la mañana recién comprado. En la puerta del copiloto mi mujer preparando los últimos detalles antes de subir a su asiento y atrás la niña vestida de playa y con su gorrito, con esa sonrisa propia que soy incapaz de plasmar con palabras y que solo los niños son capaces de mostrar.
Fue en ese momento cuando Janet cayó en la cuenta de que había olvidado las pinzas del pelo, y decidió volver a por ellas. No sé si fue un despiste, o un momento de comportamiento varonil, el caso es que mientras escudriñaba la mente en busca de la resolución del sudoku se oyó un tremendo estruendo en toda la calle, a la misma vez que la puerta del garaje se movía rítmicamente como si bailara reguetton o alguna de esas músicas pegadizas de verano.
Allí, a las 11 de la mañana, se encontraba ella sentada, con la cabeza gacha y sollozando. Rápidamente corrí en su ayuda, con el motor del coche encendido y la niña en su interior jugando con sus cosas. Al acercarme a ella, me reprendió con esa facilidad que tienen las mujeres para preocuparse por los demás antes que de lo que le había pasado, y me obligó a cerrar la puerta del garaje y quedarme con la niña hasta que se le pasara el tremendo golpe.
Fueron dos minutos eternos. ¿Cómo se encontraba? Apenas me dio tiempo de acercarme, y el cabezazo parecía importante.
Entonces volvió a subir la puerta, y la vi allí, de pie, con la frente enrojecida, culminada con un pequeño bulto morado, y sus ojos dignos de un dibujo animado japones.
No pudimos hacer otra cosa que explotar de la risa. Sus lágrimas se confundían con las mías y cuanto más me reía, ella más se cabreaba. Un número digno de una película de Chaplin, vamos. Lástima no disponer de una cámara de video en esos instantes.
Son esos momentos impagables que provocan unión en la pareja. Esas chispas maravillosas en las que la complicidad viene acompañada de un cariño especial. Ahora, una vez olvidado el acontecimiento, sonreímos juntos y nos parece un recuerdo maravilloso, aunque a ella le “duele” reconocerlo.
Son ya doce años juntos. Hemos pasado por muchas situaciones ya. Muchas alegrías, y alguna que otra pena. Discusiones y enfados, pasión y cariño. Todo lo que siempre soñé se ha ido cumpliendo con creces y aquí estamos ahora. Ella dormida al lado, yo pensando...
La quiero.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
yo misma dijo
Preciosa definición del matrimonio, normalmente con los años, la pasión se convierte en cariño. Pero hay momentos que te acompañaran toda tu vida, y si son muchos años, hay experiencias compartidas que no las cambiarias por nada. Para mí es como una montaña rusa, a veces te bajarias, pero intentas coger las curvas como puedes y superarlas.
Besos.
15 Agosto 2005 | 05:03 PM