Estoy esperanzado, a la vez que indignado, ante las noticias que leo por aquí en la que se inicia el proceso por el cual se podrán equiparar los derechos del padre a los de la madre en cuanto a bajas laborales se refiere.
Por si no lo conocen, actualmente está permitida la disposición por parte del progenitor de poco menos de la mitad de los días de maternidad, sustituyendo, y no complementando, a los escogidos por la madre, siempre después de que ésta se haya recuperado del difícil proceso que supone el parto.
Lo que se intenta implantar ahora es la disponibilidad de bajas maternales conjuntas de ambos cónyuges para el cuidado y disfrute de los difíciles primeros meses de vida de nuestros hijos, ya que se ha comprendido que es un acto compartido por los dos.
Hasta ahí todo claro, pero pensando un poco hay varias cosas que me inquietan y que no acabo de comprender.
Por un lado está la predisposición del padre a participar en el cuidado del recién nacido. Podría relatar las múltiples ventajas que ésto tiene. No seré yo el que sugiera a todo hombre que se digne de serlo el que se atreva a sentarse por las tardes con su hijo/a a peinarle en la ducha y ver ese brillo e inocencia en la cara de su ángel. También ocurre lo mismo cuando le ofreces el biberón, le cambias el pañal o incluso en las amargas noches en vela en la que sientes impotencia por ver el llanto de tu hija y no puedas apenas consolarla con nada. Todas esas cosas se guardan en un lugar dentro de uno, no tiene nombre pero está ahí conmigo. Aquel que pruebe a jugar con sus hijos sabrá de lo que hablo.
Todas estos regalos justifican de por sí el cuidado del niño por parte del padre. Pero no soy un iluso, y se que existen otros hombres que lo más cerca que están de sus hijos son los días en los que marca gol su equipo y corriendo le dan un beso a sus criaturas para festejarlo.
Ese tipo de personas son las que consiguen hacerme dudar en la conveniencia o no de la nueva propuesta del gobierno.
Dejando el tema a un lado hay algo que me cabrea en el enunciado de la ley.
No se bien cual es la intención de la misma. Cuando leí el encabezado me entusiasmó, como es fácil de intuir. Si en un futuro decidimos tener otro hijo, no voy a tener que apañármelas para poder estar con él, como ha ocurrido hasta ahora. Pero analizando con más detenimiento veo que el objetivo prioritario no es ese, sino el de facilitar la igualdad laboral entre hombres y mujeres y así evitar los terribles despidos y condicionantes a la hora de contratar a señoras en edad fértil al mercado laboral.
Es decir que en ningún momento veo intención de ayudar al padre, aunque ésto sea una consecuencia positiva de la ley.
Que quieren que les diga. Deberían penalizar a toda y cada una de las empresas que no sean capaces de contratar a mujeres por si acaso quedan encintas. Es uno de los motivos que explican el bajo índice de natalidad que existe en este país, cuya población envejece más y más. No hay más que ver el mercado laboral, listas del paro y demás para reconocer cual es el principal problema que afecta a las mujeres en este país. Y, ¡que coño!, es injusto que se las menosprecie por buscar la felicidad.
Pero no veo reconocido, si ese es el motivo, la igualdad de derechos. Me parece un agravio comparativo importante hacia el hombre. Es decir, si no existiera el problema laboral de las mujeres no se nos daría el permiso para cuidar a nuestros hijos.
Escribo todo esto ahora, que mi mujer se encuentra trabajando. La niña está acostada ya le he preparado el almuerzo, cambiado el pañal, la he llevado a ver a sus abuelos y hasta he hecho una pequeña compra para poder comer algo mas tarde. No me quejo, me encanta poder disfrutar de mi hija así.
Pero ante leyes como ésta, me da la impresión de que seguimos sin importarle una mierda a la sociedad, ya que los hombres no están hechos para el cuidado de los niños.