La historia de Manchitas
Un día de tantos apareció por la calle donde vive mi hermana un perro pulgoso, de ojos tristes y mirada perdida, que andaba buscando alguna muestra de cariño con el que hacer más llevadera la dura vida que le había tocado sufrir.
Ese día jugaban en la calle varios niños, entre ellos mis sobrinos, y tuvieron la genial idea de ofrecerle algo de comida y agua, a la vez que se pararon a corretear con él, a hablarle con suaves palabras y a darle palmaditas en el lomo. Lo llamaron Manchitas, por las marcas negras que recorrían su poco pelo blanco, sucio y maloliente.
Pasaron los días, y Manchitas comprendió que había encontrado un hogar, su hogar. Continuaba en la calle, dormía a la intemperie, pero había encontrado a alguien con el que tener compañía, que al fin y al cabo le hacía más falta que la misma comida.
Pero no todo era felicidad. En todos los pueblos habitan seres cuya única forma de diversión consiste en lanzar animales desde una azotea para comprobar la diferencia que existe entre éstos y las aves.
Lo comprobaron a la primera.
Manchitas nunca se quejó, ni siquiera los días en que los pequeños demonios le tiraban de su doblada patita para escuchar los gemidos del animal cuando sentía el tremendo dolor que llevaba días angustiándole.
Así que Manchitas a tres patas, tras valorar las pocas opciones con las que contaba, decidió quedarse a vivir cerca de la casa de mi hermana, con sus hijos y amigos.
Mi hermana no ha tenido una vida fácil. Nunca se le dieron bien los estudios, y las malas rachas financieras de los últimos años han hecho mella en una maltrecha economía de la que aún hoy está renqueante, aunque la situación tiene pinta de ir a mejor. Ella no es una ejemplar muestra de amante de los animales. Lo más parecido a una mascota que tiene es una vieja tortuga que la ha ido acompañando los últimos años. Pero tiene un gran corazón, y éste se reblandeció al ver los ojos del perro cuando ladraba alegremente al jugar a diario con sus hijos.
Decidió costearse una radiografía. 30 euros, le costó. Parece poco, pero a mi hermana le supone mucho, hasta el punto de tener pendiente sus propios estudios radiológicos. Sus dolores no son para tanto y los puede aguantar.
El veterinario observó la placa y comprobó con claridad la presencia de 4 dedos rotos del animal, y explicó con detenimiento la terapia requerida para estos casos. La única solución es quirúrgica, la implantación de tornillos que fijen las falanges rotas, y estimó para la intervención unos costes de 360 euros (sólo va a cobrar la cirugía, ya que el resto, estancia, vacunación… los va a dejar en el olvido tras oír la cruel historia de Manchitas)
Mi hermana no puede costear la operación. Empieza a buscar alternativas para salvar al perro. La opción de la perrera municipal no la convence. Sabe que en un periodo breve, si no aparece dueño las posibilidades del supervivencia son nulas. Así que decide llamar a la asociación protectora de animales (Lassie) ubicada en la capital Gran Canaria. Allí tras exponer el caso, los adorables desgraciados responden: “Señora, no somos una ONG que vaya recogiendo animales. Sí tanto le gusta el perro quédeselo usted”, todo seguido de un seco corte telefónico que retumbó en el oído del incrédulo cuerpo de mi hermana.
La respuesta fue brutal, ya que sobrevino un sentimiento de desesperación en el corazón ya dañado de la única oportunidad que le quedaba al perro.
Pero fue en esos momentos de profundo malestar cuando se vislumbró en el horizonte la hermosa solución a la historia de Manchitas.
Tras contar el caso a sus familiares y amigos, resultó que una de ellas estaba dispuesta a costear la operación y quedarse, a partir de entonces, con el perro. Ella es un ángel que recientemente ha sufrido el difícil trance que supone un divorcio, y tanto ella como su pequeña hija están muy faltas de cariño, por lo que la idea de compartir sus vidas con Manchitas les ha parecido estupenda a la vez que una oportunidad para continuar adelante.
Mañana por la mañana le va a operar.
Mis sobrinos están locos de alegría por la noticia y, aunque saben que no se van a quedar con el perro, no pierden la sonrisa desde que saben que el destino de Manchitas ya está escrito.
Con un poco de cariño se puede hacer feliz a muchas personas.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
anY dijo
Me alegro muchísimo de que haya aparecido ese "ángel" (porque verdaderamente debe serlo) y pueda salvar a Manchitas, seguro que la operación sale genial y que el animalito luego se lo compensa con un montón de buenos momentos. Hace cuatro meses que tengo una perra, se llama Kira y es pastor alemán. Nunca había tenido un animal hasta ahora y te aseguro que mi familia y yo la tenemos como un miembro más, además que está muy mimada, y es tan lista como noble. Si le pasara algo movería cielo y tierra para que estuviera bien :) le he cogido tanto cariño...
A veces conseguir la felicidad es mucho más facil de lo que parece, se encuentra en esas pequeñas cosas que a veces pasan desapercibidas... y es una pena.
19 Agosto 2005 | 04:42 PM