Todos conocemos la calidad profesional que atesora nuestra bandera en el mundo cinematográfico Javier Bardem. Aparte de sus dos nominaciones a los globos de oro, su candidatura al Oscar y, sobre todo, los múltiples premios obtenidos en los festivales de cine europeos, a mi juicio más imparciales y acordes con los méritos realizados que los que otorgan las pomposas academias estadounidenses (en donde se premia antes a las productoras que a los auténticos protagonistas), es un actor que se transforma por completo en su personaje, terminando por suplantar su propia personalidad hasta hacernos creer por completo en lo que hace. Esa es su faceta pública ,conocida por todos.
Más desapercibido es el hecho de su lugar de nacimiento, que no es otro que Las Palmas de Gran Canaria. Seguramente fue accidental, su madre andaría rodando una película por aquí o su padre produciendo alguna de sus obras. Pero el caso es que tuvo la suerte de ver los amaneceres canarios al principio de su prolífica vida.
Posteriormente abandonó la ciudad con sus padres y empezó a hacernos disfrutar con sus maravillosas interpretaciones.
El caso es que parece haber llegado a oídos de los dirigentes de esta ciudad la procedencia natal del actor, y pretenden, ahora que está en la cima de su carrera, hacerlo hijo honorífico de esta ciudad para, así de paso, sacarse unas fotos ante uno de los personajes más importantes de nuestra cultura a nivel mundial. ¡Que oportunismo!
Porque no hay nada que guste más al sector político que posar frente a las cámaras al lado de personalidades relevantes del panorama mundial. Aun hoy se están dando patadas tras la pasada visita de Bill Clinton a nuestra isla vecina. Poco más pasó durante la estancia vacacional del presidente de los españoles en la isla de los volcanes.
Aun recuerdo la presencia masiva de políticos hace unos años en la fiesta organizada por el ascenso a la máxima categoría futbolística del equipo de la tierra. Los mismos que dieron la espalda a los dirigentes en las épocas actuales de penuria, sin importarle el riesgo, ya pasado, de la desaparición del club que tanto vitoreaban.
Bueno. El caso es que pretenden buscar un hueco en la agenda del actor para darle unas palmaditas en la espalda, sonreir a las cámaras y buscar la complicidad de los votantes en ese gesto tan superficial pero efectivo.
¿Cual es la cualidad que debe atesorar un hijo predilecto de una ciudad?

¿Que requisitos mínimos debería cumplir el agraciado?
Debería ser claro aquella persona, natural o no del término municipal que haya alcanzado una relevancia extraordinaria por cualidades o méritos personales con amor por su municipio. Yo creo que ante todo debe sentir un profundo respeto por la tierra donde vive. Que camine orgulloso por el mundo llevando la frente bien alta cuando le pregunten por sus gentes, por sus lugares y por el aire especial que se respira en ella. Que allá en donde uno se encuentre guarde siempre en su corazón el ruido de las olas, la belleza de sus calles, la tremenda hospitalidad de sus gentes. El que sea capaz de sentir eso, es digno de ser el elegido.
Es lo que fomenta nuesto Antonio Banderas. Actor de renombre que grita a los cuatro vientos su malagueño corazón, persona que busca desesperádamente su tiempo para respirar en la brisa de su tierrar. El se siente orgulloso de lo quien es, y todos los galardones otorgados por sus paisanos son más que merecidos.
No creo que Javier Bardem sea el indicado para tal honor en esta ciudad. No le culpo por ello. Poco después de nacer abandonó de forma obligada su isla. E incluso me alegro de que lo haya hecho, por lo que me hace disfrutar con sus películas que, seguramenente no hubiese tenido la oportunidad de realizar de haberse quedado en esta maravillosa tierra.
Puestos a premiar a personajes importantes, considero que hay un estupendo escritor residente en la isla de Lanzarote que, pese a no haber nacido entre volcanes, sí se siente parte de ellos, los defiende con orgullo y pelea por su hogar. Me refiero al impresionante pensador Jose Saramago, nativo del país vecino Portugal, pero residente permanente de nuestra Tierra.

Es sencillo, uno es ciudadano del mundo y no sólo de donde haya nacido. Por lo tanto es tan canario la persona que lo sienta sí, como foráneo el que viva en esta tierra y sólo ande pensando en abandonarla. Quizás sea el motivo del porqué el nacionalismo no encuentre sentido entre mis pensamientos.