Agradecimientos y pudores
      Dos asuntos sin importancia que llenarán el artículo de hoy:
      En el primero de ellos quería comunicarles, a todos los que se han interesado, que mi niña empieza a comer como siempre, lo que supone que devora todo lo que se le pone delante, y eso me alegra de una manera muy especial. Ya ha dejado de tener picos de fiebre, parece que la medicación la ha controlado, y ha empezado a sudar como un pollo.
      Todos esos factores hacen que mi reclusión forzada en mi casa se haya transformado en un asilo voluntario y placentero, en el que el juego compartido y las sesiones mutuas de televisión infantil adoptan ahora la morfología de normalidad.
      Incluso ha dejado de abrazarme como estos días tan largos. Nunca pensé que me arreglaría por ello.
      Aprovecho estas líneas para agradecer, con mucha sinceridad, a las personillas que me han acompañado este fin de semana a través de las ondas, dándome su apoyo y comprensión para poder superar esos temores que todo padre primerizo siente cuando se le va la situación de las manos.
Gracias, de corazón.
      El segundo de los asuntos, hoy que me ha dado por no dar caña a la sociedad, políticos u operaciones de marketing, es algo a lo que llevo dándole vueltas a la cabeza últimamente.
      Empecé en esta historia de las bitácoras como un juego y una nueva experiencia. Intentaba comentar en los artículos de mi amigo ad astra y ojeaba anónimamente la de otros, manteniéndome al margen con mis intranscendentes comentarios, hasta que un día me dio por pulsar el botón y vi que era sencillo e intuitivo crear mi pequeño mundo.
      Desde entonces me propuse escribir algo cada día, y he ido cumpliendo salvo puntuales ocasiones en que la desmotivación, o el exceso de trabajo me lo han impedido.
      Poco a poco me fui gustando, vi que lo que escribía tenía significado, no solo para mí, sino además por la presencia, activa ya, de algunos lectores. Septiembre siempre ha estado allí, Antares, fuente de inspiración. Logoss, Yeyo… Es injusto nombrar a unos y no a otros, así que dejaré de personalizar lo que tantos han hecho grande este hogar. Fui añadiendo alguna fotografía, personalicé a ratos el diseño de la página y comencé a comentar a amigos y familiares la presencia de la misma.
      Ahora bien. Espero que no sea el único, pero siento un tremendo pudor cuando veo a alguien que me está leyendo.
Es una tontería, porque el contador no para de crecer, y la bola de nieve se hace más y más grande, pero cuando he enseñado mis letras a mi hermana (historia de manchitas), a mi madre (viejo amigo), o a mi esposa (prácticamente todo), siento una inocente sensación de timidez que limitan mi convencimiento en que no escribo tan mal como me creo. Supongo que me pasa a mi solo, pero el abrir cofres cerrados en presencia de ojos ajenos es entregar pedacitos de tu corazón a cambio de una mínima aceptación por lo que haces. Incluso creo que en lo de hoy también se oculta mucha vergüenza en mis


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
Padre igual que tu dijo
He estado igual que tu la ultima semana, y hace 3 tambien, mi hija empezo la guarderia y su adaptacion fue tan buena que se quiso traer todos los virus de golpe. 1 semana bien, y otra mala, otra bien y otra mala, y parece que hoy empieza otra buena, y confio que se rompa la racha. Lo que cuentas es tan cercano a lo que he vivido que me he identificado totalmente, y por eso me alegro que tu niña ya este bien. Pero si he de elegir, sacrifico todo mi tiempo abrazado a ella en estos dias por poder verla alegre y jugando sin necesidad de pensar cuando volvera la fiebre. Animo y a seguir disfrutando de nuestros tesoros.
19 Septiembre 2005 | 04:03 PM