La distancia es el olvido
      Pasó una de esas casualidades en la vida que me sirvieron de inspiración para rellenar esta hoja con uno de mis comentarios.
      Verán. A uno le gusta indagar en el funcionamiento de este mundo, explorar que posibilidades te ofrece para mejorar diseño e imagen y hacer más llevadera la lectura de tantas y tantas palabras que se pueden hacer, por momentos eternas. Es un intento de plasmar el orden que te ofrece un procesador de texto a éstos artículos, como siempre intente hacerlo en los trabajos de instituto o universidad. Siempre tuve el presentimiento de que una buena presentación ayudaba a vender mejor tu producto, sin que se descuide en ningún momento lo esencial de la historia, claro está. Batman y Robin estaba implacablemente realizada pero su contenido era nulo y así le fue, mientras que otras películas como Matriz encontraron la unión entre continente y contenido, haciéndola más atractiva en todos los sentidos y obteniendo el éxito merecido.
      El caso es que merodeando por la red, y plagiando el código fuente de algún que otro amigo, descubrí una página muy sencilla e intuitiva que ayuda a mejorar el diseño sin que la cabeza te explote en el intento. En concreto es la de Ángel Puente.
      Yo andaba buscando la manera cambiar los estilos de párrafo en un momento determinado, cuando en ese momento Ad Astra publica el artículo siguiente, que tantos minutos me había ocupado intentado descifrar esos endemoniados códigos. Quedé flipado.
      Casualidades de la vida. Serendipias.
      No pude reprimirme y le llamé por teléfono al instante para contarle este caso de Deja vu, y mientras hablaba con él y quedábamos para un café cayó sobre mí una idea concreta para escribir el artículo de hoy.
¡Qué difícil resulta mantener el contacto!
      Mis años de adolescencia los pasé con éste tipo, y otros cuantos, intentando comernos el mundo con comportamientos ingenuos y esperanzadores. Todos teníamos en común un lado friki (supongo que reconocerán quien de ellos lo era más), pero además cada uno dirigía sus miradas a un tema en concreto.
      En mi caso me decanté por la enfermería, mis obsesiones por la sangre me delataban. Pablo devoraba toda ciencia ficción e informática y así terminó de lleno en ese mundo. Oscar obtuvo el lado físico de la vida. Jaula a los bosques, Víctor se hizo el amo de la noche…bueno, cada uno de cabeza a temas tan dispares como los nombrados.
      Pero el tiempo pasa y cada uno escoge su camino. Entran en juego las novias y esposas, en algunos casos los hijos, cambios de residencia e incluso de isla o comunidad…El grupo se disolvió por completo, y aunque nos vemos muy de vez en cuando, la chispa que todo encendía se ha ido apagando hasta el punto de que no hemos vuelto a estar juntos desde entonces.
      Si nos vamos al periodo universitario ocurre lo mismo. Allí las amistades eran, si cabe, aun más fuertes. El hecho de estudiar fuera de casa y convivir con tantas personas diferentes nos hizo estrechar lazos y compartir momentos irrepetibles que considerábamos especiales. Muchas risas, lágrimas y perfecto entendimiento entre nosotros.
      Pero de vuelta a la realidad, todo se desvaneció una vez de regresamos a casa. No estamos a más de una hora en coche, pero el trabajo, las labores, o la desgana han ido limando esos lazos. El primer año nos juntamos para cenar por Navidad unas catorce personas, el segundo sólo cuatro. Ya ni eso.
      Ocurre lo mismo con los compañeros de los lugares donde he trabajado, y supongo que se repetirá si algún día abandono la unidad de cuidados intensivos.
¿Por qué?
      No lo llego a entender. ¿Qué es lo que nos hace perder esos lazos tan fraternales? Esa camaradería propia de los grupos se disuelve en el tiempo hasta hacernos parecer extraños a los hermanos. No debería ser así.
      Acabo de quedar con Ad Astra para un café. Estamos a sólo 10 minutos el uno del otro, y sin embargo, qué difícil se hace todo.
      Espero que con esta serendipia de hoy se recupere parte de nuestra adolescencia perdida.
      Aunque poner en una batidora de nuevo a estos dos tipos puede originar una coctelera realmente extraña hoy en día. Probémos a ver.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
tiritando dijo
A veces la gente Va y Viene. Otras les dejamos marchar con la esperanza de que el Destino nos vuelva a juntar, pero no lo hace, el Destino se dedica a esbozar sonrisas con las Esperanzas de los que esperan el Retorno.
Espero que os volvais a COnocer de nuevo, y tengais algo. Nunca tendreis lo que tuvisteis, pero algo similar con las personas que sois ahora puede resultar...
20 Septiembre 2005 | 04:42 PM