Un llanto, metáfora de una reivindicación. Un beso al final de la escalera, una mirada complaciente acompañada de una sonrisa en medio de la noche que me asegura de que todo está en su sitio y que nada ha cambiado...
      Son momentos aislados, sueltos, sin significado aparente que cobran vida cuando menos lo esperas. Todo eso ocurrió ayer. Pude disfrutar de esos instantes que vuelan ante ti, sin que te des cuenta de la verdadera importancia que tienen. Apenas lo entendía en el momento en que pasaban ante tus ojos y, sin embargo, es ahora cuando le encuentro todo su sentido. Y me lamento por ello.
      Quien más o quien menos puede reconocer en mis palabras a un jornalero que pelea a diario contra la fragilidad que caracteriza a nuestras vidas. Son muchos años ya contemplando la destrucción de esa falsa armadura que todos llevamos puestos y que consideramos inquebrantable y todopoderosa. Nadie parece ser consciente de que todo lo que nos rodea, lo que nos hace felices y que damos por sentado, se puede diluir en un momento de despiste, nunca esperado a pesar de tantas evidencias, de la misma forma que cuando uno mezcla los cereales con la leche de la niña.
      Incluso nosotros que vivimos a diario con esa realidad nos creemos todopoderosos e inalcanzables ante las fuerzas de la naturaleza, o el destino que nos tiene reservado a cada uno de los presentes.
      Pero no lo somos, y seguimos sin apreciarlo, a pesar de que me empeñe en plasmar en letras estos efímeros sentimientos, que quedaran relegados al olvido quizás, en el momento en que decida publicar estas palabras.
      Una distorsión en la mirada suplicando compasión por el abandono momentáneo, la discusión fuera de tono en donde el orgullo te convierte en un imbécil que siempre odiaste, una llamada a tiempo para alertar de que sigues ahí, aunque no lo parezca…
      8.30 de la mañana. Después de diez largas horas de trabajo en la unidad, intentando convencer a C. de que no se levantara de la cama, que se iba a hacer mucho daño al caerse. Controlando los valores de presión intracraneal de J.L. que ayer parecía que iba a dar una tregua a su débil hilo. Una noche de scattergories, fideua y lectura compulsiva de bellas historias. Cuento la guardia con los ojos entreabiertos y me dispongo a recorrer el camino de vuelta a casa.
      Normalmente el personal sanitario vive cerca de su lugar de trabajo. Yo no. Mi regreso es más prolongado, y la buena radio o la música alternativa me acompañan en esos kilómetros de espera.
      Cuando dejas de mirar el cuentakilómetros, te enfrascas en no perder de vista las intermitentes líneas de la calzada y sólo tienes ojos para divisar la gran cantidad de vehículos que te acompañan en tu travesía, no piensas nunca en que todo puede cambiar en un instante no deseado. Tengo suerte de poder reflejarlo y meditar sobre ello.
      Un pastor alemán enorme, no pudo resistir la embestida del camión que frenó en seco justo en el instante que yo terminaba de adelantarlo. Detrás de mi, ya en mi carril, las huellas del pesado trailer desdibujaban el camino por el que, tan solo 10 segundos antes, pasaba cantando en voz alta las canciones de mi adorada Björk. El retrovisor me mostraba imágenes que quizás debería haberme evitado, y la sensación de que todo se paró tras de mí me acompañaron en mi cama durante todo el día de ayer.
      No pasó ningún automóvil más después del mío. Estoy seguro de que no hubo victimas, salvo la del animal, ya que no hay noticias en los diarios del día de hoy. Pero llevo todo el día viendo fotos de la niña, besando a mi mujer y cabreándome conmigo por ser tan imbécil y acordarme de ellas sólo cuando estás a punto de perderlo todo.
      Esta mañana, al preparar el bolso de Patricia para llevarla a la guardería, me olvidé de la pequeñaja y me extrañó el silencio que recorría el salón. Supe donde estaba por ese motivo. Allí estaba ella, en el baño y jugando a beber agua del lugar equivocado. No pude más que sonreír y abrazarla de nuevo.

Son esos pequeños detalles, los que nos empujan el día a día, como si alguien nos dijese interiormente "oye, despierta, no te olvides de lo que tienes", esas pequeñas "cosas".
Por cierto, puedes entrar en el tren, cuando quieras...
Un abrazo, viajero...
Profundo, si señor.
No eres el único que es consciente de la naturaleza efímera del hombre, que individualmente no llega ni a la condición de rumor en la historia. ¿Cuántas civilizaciones, pobladas de cientos de miles de personas, con su cultura, sus virtudes y sus miserias nos son desconocidas hoy día? Pues ahí estuviero, aunque lo ignoremos.
Hombres temerosos de caer en el olvido al que todos tarde o temprano estamos condenados, pugnaron por ser recordados por las generaciones venideras, y pintaron cuadros, compusieron magníficas melodías o erigieron fastuosos monumentos.
Como digera el dueño de los gladiadores en la película del mismonombre, no somos más que polvo y sombras.
"Incluso nosotros que vivimos a diario con esa realidad nos creemos todopoderosos e inalcanzables ante las fuerzas de la naturaleza, o el destino que nos tiene reservado a cada uno de los presentes."
Amén.
Genial artículo, Sinsangre. Estás hecho todo un filósofo de la vida.
Un cordialísimo saludo!
P.D. ¿Has visto J.S.A (del mismo director que Old Boy)? Tengo una crítica de la misma en el blog (categoría "yo recomiendo")
Como te entiendo sinsangre, no te lo imaginas. He estado ingresada tantas veces en distintos hospitales, he reflexionado tanto sobre esto... he pasado tanto miedo, he comprobado lo frágiles que somos, he conocido muchos enfermos, muchas de sus historias, como eran sus vidas antes de llegar, como son ahora, como pintan sus futuros días, aunque el futuro sea incierto y nunca sepamos donde nos colocará. Antes veía la vida como una pelicula y me sentía poderosa, inalcanzable, sí... ahora he aparcado el papel de espectador para cambiarlo por el de actor. Actúo pensando que en cualquier momento todo puede cambiar e intento saborear un poquito más la vida.
Efímero, así es todo, pasajero.
Me encantó, un abrazo!
Joder, macho... Me dejas ojiabierto. De todas formas, mala hierba nunca muere :) Eso dicen.
Me encanta tu forma de contar las formas, desgraciao. Ya podrías ponerte a trastear con la historia de Flanagan, ¿no? Jacob y Noli ya han hecho sus pinitos, jijiji.
Un abrazo, viejo.
Me has llegado profundo,muchas veces insistimos en sentirnos permanentes ,como si tuvieramos la vida comprada y algunos nunca nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que ya es muy tarde.
Me alegra saber que tu sabes darte cuenta y además lo compartes para abrirnos los ojos.
Un beso.
A veces soy tan ingenua que cierro los ojos y los aprieto fuerte cuando no quiero pensar en algo malo. Y aún me sigo tapando con las sábanas como si fueran mi mejor escudo. A veces siento miedo de la realidad.
Demuestras cada día que los sentimientos mueven el columpio de nuestro mundo. Unbeso.
Esos textos que lanzas siempre afloran el Jan que siente un inmenso miedo a no percatarse de la inmensa belleza que ronda cerca a nuestras vidas, me da miedo el levantarme un dìa y no darme cuenta que Dios a dispuesto bellas cosas para cada uno de nosotros, pero es aún mayor el miedo que siento, del día en que Dios disponga que no tendré más tiempo.
Saludos
Tanto mi hermano como yo hemos tenido alguna que otra pelea con el esqueleto de la guadaña, y hablo de mi caso en particular, me replanteé muchísimas cosas. Cuando te suceden cosas así ves la valía de lo que tienes, y ves lo fácil que es perder lo que que tanto cuesta tener.
Un abrazo campeón.
Un saludo a Janet y un besito a Patricia
Has conseguido lo más importante de todo, que es el darte cuenta de lo preciados que son los momentos aparentemente más insignificantes de nuestro día a día. Ahora sólo te queda lo más maravilloso: disfrutar de ellos!:) Si al final va a ser que tenía razón el grandísimo Horacio: Carpe Diem!
Un saludo!
Muy cierto lo que escribes Sinsangre, es que nos creemos invencibles en ocasiones, y nada! la pida nos puede cambiar de un segundo a otro.
Como bien dice el dicho "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde" En ocasiones nos perdemos en la monotonía pensamos contamtemente en qué haremos a futuro, que haremos dentro de unas horas, al salir del trabajo, mañana, el mes entrante y no nos detenemos a pensar que sólo tenemos este instante, sólo tenemos el presente lo que vivimos al momento.
A mi me cuesta darme cuanta de eso... pequeños detalles pero cuanta diferencia hacen!!
Un abrazo!! ¿Qué tal "Oceanía" de Björk?... a mi me parece magistral ¿Cuando dejará de sorprenderme?--- espero no pronto :)
Yo misma: La verdad es que estamos rodeados de detalles y no nos damos cuenta. Me subo al tren.
Miseria: Gracias por incorporarte. Nos creemos el centro de todo, pero al final, nada está en nuestras manos. Es todo un regalo que hay que aprovecharlo, porque no sabemos lo que nos va a durar.
Chico-viejo: Ojalá tuviera la sabiduría de los filósofos. No la he visto, pero ya le he puesto el ojo a las dos simpathy. Y esa, viniendo de tí, también la buscaré.
Any: Me cautivastes el día que leí tu primer post. Fue un golpe a la mandíbula que me dolió sobremanera. Entiendes perfectamente por donde van los tiros del artículo de hoy. Un beso guapísima.
Adastra: Flanagan,mmmm pues sí, me pondré de nuevo a ello.
Gatinha: Si, me doy cuenta de ello. Pero basta que pasen los días para que caiga otra vez en el mismo error, y necesitamos de esos sustos para volver a recordar lo que tenemos.
Antares: Hasta comentando eres poeta. Un abrazo, yo tambiém me oculto bajo las sábanas.
Jam: Todo a su tiempo. En el momento que se acabe el nuestro, no hay nada que hacer, por lo que mejor no preocuparse por ello, y si disfrutar al máximo de lo que tenemos.
Jacosito: El tipejo ese de la guadaña acojona como ninguno. Hay que ver que mirada tiene el tío. No he estado tan cerca de él como tú, pero si le he visto muchas veces recogiendo frutos en la unidad.
Alejandro. Todos los clásicos están ahí por tener argumentos tan coherentes como ese famoso Carpe Diem. Disfruta el momento, sintesis del artículo en pocas palabras.
Yleana. Hay que disfrutar los segundos, que ya hemos dejado atrás mientras pensabamos en ellos. Oceanía, a mi juicio, junto a All is full of love, una de las mejores canciones de la gran Diva. Cuando la escuché por primera vez, en la ceremonia de inaguración de los juegos olímpicos, se me saltaron las lágrimas.
Un abrazo a todos, y gracias por hacer latir mi corazón más fuerte.
Polvo somos y en polvo nos convertimos
Un artículo brillante. Admito que soy de los que todavía no se ha dado cuenta de que la felicidad se compone de pequeños momentos, y todavía la sigo buscando por otro lado.
Gracias por escribir así.
Sé lo que es "sentir ese sudor frío"...
Sé lo que es congelarse un instante por ese frío de "muero aquí"...
Sé lo que es ver a "diario" como se corta el hilo de gente a tu alrededor...
Sé lo que es un largo trayecto hasta casa después de una dura jornada...Sé de la importancia de la música en ese trayecto...
Sé...que no podría expresarlo tan bien como tú.
Felicidades por estar vivo.
Gracias por compartirlo...