La violencia está presente en todas las facetas de nuestra vida. Es la triste conclusión a la que he llegado tras meditar largamente después de haber disfrutado de la última gran obra maestra del genial David Cronemberg.
      Empecemos desde el principio:
      Esta tarde aproveché una de esas carambolas que te da la vida familiar, para ir al cine a disfrutar de una buena película. La selección de la misma era difícil, ya que había transcurrido ya mucho tiempo desde mi última visita a las salas y los estrenos se me apelotonaban en la cabeza. Bien por la distancia que tenía que recorrer o por el limitado horario del que disponía, la mejor elección era “Una historia de violencia” del impredecible director de obras tan sugerentes como “Crash”, “Spider” o “La mosca”.
      La historia es muy sencilla. Un hombre de vida sosegada y rutinaria se enfrenta a una situación extrema en su vida y reacciona de forma violenta ante la misma. Por su coraje y valentía se gana el respeto de sus vecinos y consigue su minuto de fama, lo que le empuja a una serie de problemas en el ámbito social y, sobre todo familiar, con los que le será difícil enfrentarse.
      Realmente la película es muy violenta, sobre todo por lo emocional que supone el dolor de ver toda tu vida hecha pedazos en cuestión de días. De la destrucción del sueño americano, y mundial, en menos tiempo del que uno pensaba. No me atrevo a recomendarla, puesto que mis gustos cinematográficos pueden que no sean del todo populares, pero está destinada a aquellos que les guste roer sus pensamientos una vez visionada la misma. Cuando la ves, la sensación que te invade es la del engaño y la pérdida de tiempo, pero desde que uno habla con su almohada, la cosa toma otro matiz ya mas divertido.
      En resumidas cuentas, el ser humano es, en esencia, uno de los millones de animales que habitan este precioso planeta y, como tal, lleva implícito una serie de instintos básicos contra los que toda lucha se vuelve inútil. La supervivencia de su especie a la cabeza de todos ellos, bien a través de la reproducción, o bien a través de la desgarradora lucha para evitar la extinción por parte de los demás.
      Cuando vemos los maravillosos documentales del reino animal, quedamos maravillados ante la agresividad de los grandes depredadores en su búsqueda de sustento para alimentarse, o la estrategia defensiva de algunos ofidios ante el paso de cualquier ser humano cerca de su morada. Son actos violentos que los valoramos como propios de la naturaleza y, en cierto modo, necesarios para poder equilibrar el orden evolutivo de cualquier ecosistema.
      De la misma manera, basta con observar el comportamiento de nuestros hijos para comprobar la instintiva agresividad que caracteriza a los críos, para defender su territorio o reclamar sus derechos, y como somos los padres los que los sociabilizamos para evitar un desarrollo patológico de los mismos.
      El caso es que...
    ...la esencia de la violencia está empapando muchas de las acciones cotidianas que llevamos a cabo, la mayor parte de ellas sin darnos apenas cuenta.
      Observamos el comportamiento de los aficionados al fútbol, o cualquier deporte de masas, como prehistórico, a la hora de agredir, no sólo verbalmente, sino de cualquier forma a forofos del equipo contrario. Son batallas campales que se han convertido en cotidianas en nuestra vida diaria. Una vez, comprobé con gran asombro la transformación lobuna que sufrió mi esposa al pitar un penalti en contra de mi querida U.D. Las Palmas, y no reparé en que mis venas estaban cada vez más y más llenas de sangre y estaba dispuesto a comerme a la esposa del colegiado.
      Siguiendo con el tema de las batallas, el ser humano abandona ese adjetivo en el momento en que se embarca en un conflicto armado. Cualquier mutilación, violación y demás actos habituales en los mismos son injustificables pero, perfectamente humanos. Humanos normales en condiciones extremas.      Porque si valoramos una situación en la que a una persona se le arranquen las uñas de los dedos, se le retuerzan los pezones con alicates y le electrocuten sus partes nobles con descargas de 5000 voltios, todos estamos de acuerdo en que habría que encerrar en una jaula a la bestia que cometa esos actos violentos, pero…¿Y si la víctima de esos actos fuera el violador de tu hija?, puede que ya se justifique la atrocidad. Vamos, me encierran en la cárcel, pero sería un preso de lo más tranquilo, al menos en conciencia; ¿Qué podríamos hacer con seres como Hitler, Manson o Laden? Posiblemente lo juzgaríamos y tendríamos limpias nuestras mentes, pero la opinión de los familiares de sus víctimas no lo verían con los mismos ojos.
      Entonces, ¿hasta qué punto están justificados los actos violentos? En casi la totalidad de los ejemplos antes citados me resultan, como mínimo debatibles si la situación es la correcta o no, por lo que me empiezo a transformar en un ser horripilante, sinsangre o incluso sin corazón. Ejerzamos la catarsis.
      Este artículo casi ha sido escrito a cuatro manos. El desaparecido logoss me mostró una puerta que estaba escondida debajo del sistema límbico. En realidad estaba sobre el mismo, y en ella hay un cartel denominado corteza cerebral.
      El extraordinario desarrollo de nuestro sistema nervioso central ha conseguido que, unos simples animales, similares en el 99% a los simios, ejerzan la supremacía de su especie sobre todas las demás. El uso de la razón nos caracteriza, a unos más que a otros, y no todo está justificado cuando uno lo analiza ya con más detenimiento.
      Porque más allá de cualquiera de nuestros primarios instintos, hemos aprendido a domesticar nuestras emociones hasta el punto de ser capaces de vivir en sociedad y adaptarnos a un medio totalmente hostil para el ser humano. Hemos aprendido a usar herramientas, a protegernos del frío y usar el fuego, a comunicarnos por medio de un lenguaje único y exclusivo entre el reino animal, y conseguimos rellenar toda esa bóveda hueca que soportamos sobre nuestros hombros de una materia gris que nos permite diferenciar entre lo que está bien y lo que no lo es tanto.
      Todas las reacciones anteriores eran comprensibles, pero poco acordes con la esencia del ser humano, con su capacidad de asimilación de la crueldad y la tiranía. Disponemos de otros medios para condenar a los inadaptados sociales que, a pesar que con frecuencia nos decepcionan y terminan por frustrarnos, han ido evolucionando a lo largo de la historia para adaptarse al paso del tiempo y permitirnos juzgar los actos violentos de una forma social y apropiada. La justicia ha de ser la encargada de decidir el futuro de los violentos y no la rabia interior que busca su oportunidad para rebajarnos hasta los límites de nuestros antepasados.      Ya que nos parecían bárbaros los rituales de las antiguas civilizaciones pasadas, no deberíamos volver a ellas como lo estamos haciendo actualmente apenas sin darnos cuenta. No debiéramos involucionar sino todo lo contrario.
      Ya salió todo esto de adentro. Gracias Carlos.

siempre he pensado que lo verdaderamente asqueroso de la violencia es su utilidad; es que funcione, la puta violencia de los cojones (siento ser soez sinsangre pero no puedo con ella).
La violencia forma parte de la naturaleza. Incluso las grandes catástrofes naturales, tan de moda hoy en día, tienen su componente violento y, no gracias a ello, son efectivas al cumplir su cometido.
Además, el uso de la misma, en ciertos momentos de la historia de la humanidad, fue necesario para implantar la maltrecha tranquilidad que existía antes del uso de la barbarie.
Está ahí y no podemos negarla. Entonces, probemos a controlarla a ver si le ganamos la batalla.
¿Gracias? ¿A mí?... De gracias nada, chato...¡Bájese las bragas ahora mismo!... jejeje... Esto si que es violento... Me llaman el desaparecido, aqui vengo y ya me he ido, volando vengo volando voy, deprisa deprisa rumbo perdido... Hay que ver lo que da de si una noche en el trabajo, pero bueno, con algo nos tenemos que entretener. Tranquilidad, ya he puesto varias cosas en su sitio, así que volveré a asomarme con un poco más de asiduidad a los blogs amigos y al mío propio, que lo tengo un poco abandonado. Un saludete, campeón... Y por cierto, a los árbitros: "hijos de CENSURADO... papam papapam...hijos de CENSURADO... papam papapam..." jejejeje...
A mi, el uso indiscriminado de la violencia (persona a persona) es lo único que me provoca miedo.
Lo peor para mi, como ya ha comentado pacorro, es que el que emplea la violencia puede conseguir lo que se proponga.
Este tema da mucho que hablar, como ya habéis dicho ¿que haces con un tio que ha violado (o algo peor) a tu hija y que lo más seguro es que vuelva a hacerlo?. Recuerdo un capítulo de 24 ¿es lícito torturar a un tio que tiene una bomba atómica activada y escondida que puede matar a millones?
Desde luego que yo no tengo las respuestas, y es lo jodido del tema: no hay reglas fijas, ni contestación buena. Lo único que podemos hacer es intentar no ser unos hijos de la gran puta (y perdón).
Perdón por la brasa, pero es lo que pensé cuando vi lo de 24. Si la respuesta a lo anterior es un rotundente si, no tendríamos tanto reparo en torturar a alguien que no estamos totalmente seguro que sepa lo de la bomba.
No se si me he explicado, no todo es blanco y negro: hay matices de gris.
Logoss: Doy fe de que está vivo, yo le he visto haciendo de las suyas en la unidad, y aunque la mayor parte de las veces lee sin comentar, no deja de entrar por aquí. Aun esperamos reformas en el hotel.
Detalles: Podría estar ahí el problema. El uso indiscriminado, ya que el reino animal la aplica para satisfcer unas necesidades y no como origen de un escabroso placer. Aprendamos de ellos.
Engelson: Yo disfruté con ese capítulo y me pareció del todo justificada la violencia del mismo. Hay que poner en una balanza los beneficios de su uso y la moralidad de nuestros actos. Pero ¿te imaginas que el tio fuera inocente después de todo lo que le hicieron pasar?
nada puedo decir que ya se haya dicho
un beso
MMMMmmm... es que no se que decirte porque aunque no este a favor de la violencia me encanta la violencia cinematográfica, hay que ver la de nuevas formas de morir que hemos desarrollado junto con la evolución, seguro que un neanderthal no tenía que preocuparse de morir en un accidente de tráfico o imaginar que un maníaco pueda raptar a su hijo y le ahueque el cerebro con un taladro de broca estando colgado por el torax de un gancho de carnicería....ese tipo de cosas no ocurrían en el paleolítico... no había medios...
Estoy en contra de todo acto violento, pero no por ello niego que cada cual puede reaccionar de una manera completamente contraria a sus "ideales" en una situación extrema.
Como habrás visto en las fotos, ultimamente hemos ido a ver partidos de fútbol (regional y 3ª división canaria), es increible la transformación y descarga que realizan muchos aficionados. Al final, los jugadores se saludan como buenos amigos, en cambio, los de las gradas se van enfuruñados para sus casas. ¿Qué necesidad? Yo he ido a disfrutar y a gritar, pero nunca con ánimo de venganza, sino de descarga... ¡Qué conste! jajajaja.
Un saludo.
Vilencia. Un asco. Me considero una persona muy nerviosa y por ello hay veces que tengo algunos arrnque un poco subidos de tono, pero se recapacitar. Ahora lo que si tengo claro que si a mi familia la tocan, no se hasta donde me podré contener.
Un saludo chavalin
Hola sinsangre
Yo tampoco entiendo el hecho de la violencia, tal vez es alguna especie de "chip" que traemos integrado que no sirve para actuar cuando nos vemos en peligro o amenazados, tal vez es una forma de descargar la adrenalina. Pienso mucho en eso...
pero pienso más en el hecho de la tortura, cómo es posible que exista y después de tantos años siga existiendo. Todas las culturas la han practicado, todas la practican. Es un tema, grande, profundo...
Buena reflexión Sinsangre.
Magnífica reflexión, Sinsangre (y Logoss). Me has dejado menos posibilidades para un artículo que iba a escribir en relación con la misma película de Cronenberg (que vi ayer). Por cierto, que no comparto eso que se ha dicho de que es su mejor obra, pero es otra cuestión que, si puedo, intentaré, como digo, tratar en mi blog (yo siempre me he considerado hijo bastardo del director canadiense).
Sobre la violencia, la pregunta fundamental que podríamos hacernos es la siguiente: ¿cuándo está permitido actuar con violencia? ¿Nunca? ¿En algunos casos?
Dependiendo de lo que se conteste a eso, se podría continuar por caminos llenos de curvas peligrosas.
En mi caso, la violencia está justificada en algunas ocasiones. La violencia forma parte del ser humano. Igual que el sexo. Pero no practicamos el sexo con cualquiera (salvo excepcionales personas sin muchos reparos éticos y morales), porque eso conlleva una serie de consecuencias. Ser violento es lo mismo. Si ejercemos la violencia contra alguien, tendremos que pagar las consecuencias. Y ya está. Si un tío mata a mi hija (por seguir el ejemplo de sinsangre), me lo cargo. Con el método que yo crea más justo. Y luego me meterán en la cárcel. O no. Y ya está.
No lo justifico. Pero no haría otra cosa. Lo sé. No es mi culpa que haya un subnormal en el mundo que quiera pagar su falta de escrúpulos con alguien de mi familia. Que pague las consecuencias. Y la cárcel no se la merece.
Recomiendo ver un peliculón llamado "Sympathy for Mr. Vengeance" (de Park Chan-Wook).
Un saludo y espero que entiendan que eso no es de puertas hacia afuera, sino de puertas para dentro, en un blog amigo.
holaaaaaaaaaa, un saludo rapido antes de que me corran del ciber, no queria irme sin saludar al buen doctor :)
Supongo que algunos recordaréis el post que escribí sobre las torturas de Abu Graib... Allí justifico mi oposición a cualquier tipo de violencia, pero bien es cierto que sometidos a presiones extremas nuestras reacciones no son pacíficas. ¿Por qué? No lo sé. Pero sí puedo afirmar por propia experiencia (horrible experiencia) que, el ser humano, aparte de animal con institntos tiene un arma peligrosa (a la vez que nos hace vulnerables porque es un flanco más que atacar): la capacidad de pensamiento. Un machaque psicológico puede ser tan peligroso como una agresión física. Y cuando estás soemtido constantemente a abusos de es tipo, llega un putno en el que reaccionas con toda tu fuerza y vas a por todas. La enajenación mental transitoria existe, y no se puede explicar. Muchos actos violentos son inexplicables. ¿Justificables? Como bien dices, Sinsangre, si es el violador de tu hija, por ejemplo, puede que sí.
Gatinha: Un beso enorme para tí.
Alentadora: La violencia cinematográfica, que me encanta cuando esté justificada (oldboy) no es más que una extensión de nuestros bajos instintos. Aun recuerdo cuando de niño veía las películas de Rambo y salía del cine con ganas de matar a un montón de chinos. Ahora nos controlamos, pero el sentimiento sigue dentro aletargado. Bien por el control.
Yeyo: El mundo del futbol, y los deportes en general, es una metáfora de lo que ocurre fuera de allí. Si te fijas bien, ves como los chavales lo pasan pipa, a pesar de las patadas, empujones y demas lances del juego, pero desde que los partidos son observados por sus padres, adultos, que vienen ya viciados al espectáculo, los pequeñajos intentan demostrarles los machotes que están hechos y aplican la violencia de una forma desproporcionada que acaba como ya tristemente nos hemos acostumbrado.
Jacosito: Doy fe que eres como yo. De lo más tranquilo. Pero, del mismo modo, que en situaciones anormales, somos capaces de transformarnos en alimañas sin que apenas podamos controlarnos. Lo que debemos hacer es adelantarnos a esas situaciones anormales y así evitar nuestra metamorfosis.
Yleana:La violencia queda claro que es parte de nuestra vida, como animales que somos. En cuanto a la tortura, ya es otro cantar. Apenas encuentro una justificación a ese acto de sadismo tan brutal. Pero...Si hubieses sabido que había unos terroristas dispuestos a destruir las torres gemelas, no forzarías la situación para evitarlo? Es dificil responder.
Chico Viejo: No creo haber dicho que es lo mejor de Cronemberg, sino una de sus grandes obras. Es muy dificil señalar alguna de tantas. Como bien señalas, lo mismo que Cronemberg, es que todo acto violento genera unas consecuencias que tenemos que asumir sólo por el hecho de haberlas iniciado. Todas las guerras de la historia de la humanidad se basan en lo mismo, una reacción a un acto violento (tanto físico como de otra índole) ocurrido anteriormente. Por cierto, acabo de descubrir cuatro copias de J.S.A. en el Daily y tres de Sympathy for Mr. Vengance, por lo que ya queda menos para disfrutar de más Park. Y dentro de poco Lady Vengance.
Everyk: Un beso.
Antares: No entré mucho en la violencia psicológica por no extenderme demasiado en el tema, pero estoy seguro que es el inicio de todo. Un maltrato o violencia psicológica puede hacer explotar la bomba que todos llevamos dentro.
Gracias a todos.
La violencia es tan natural al ser humano como en los animales. De hecho, por ser primate superior, es especialmente violento, comparte con los orangutanes que resuelve con violencia tanto la defensa de su territorio como las diferencias sociales. Al igual que nuestro grandes primos peludos, somos capaces de demostraciones sorprendentes de afecto, fidelidad y dependencia, que difícilmente se explican sólo con el instinto. E igualmente, una violencia desmedida y cruel, sin apenas precedentes en el reino animal.
Al hablar del tema, separamos inteligencia e instinto, pero instinto e inteligencia es un continuo, no hay una línea de separación clara. La inteligencia es una evolución ininterrumpida del instinto. Pero el instinto no sólo nos ofrece "métodos de trabajo", como lo hace la inteligencia, sino que también nos ofrece unas motivaciones para hacer las cosas. Lo que el instinto de los animales inferiores es necesidad de autoconservación, procreación y conservación de la especie, en nuestra vida afectiva ha evolucionado al placer que tenemos al comer, a tener un "refugio seguro" (nuestra casa), el sexo, etc. Nuestra vida afectiva es una evolución del instinto, y hereda de él las motivaciones básicas. El amor se puede entender también como una evolución del instinto, tanto de protección, como de seguridad, de perpetuación de la especie, etc. Por supuesto, es algo más, pero las raices instintivas están ahí.
Si por instinto los animales sonviolentos, evidentemente en nuestra vida afectiva también heredamos esa querencia por la agresividad. Hay placer y deleite en la violencia como en todas las tendencias que hemos heredado del instinto. Pero en nosotros es más que instinto, está plenamente en nuestra vida afectiva. Esta agresividad se focaliza en la mayoría de los casos de forma no física, como afán de dominación o de controlar a los demás. Se relaciona con otras tendencias instintivas, como la competitividad y la búsqueda del poder. Las tendencias destructivas causan refuerzos positivos a nivel afectivo y nos hacen sentir mas "vivos"
Todos tenemos la semilla del santo y del asesino.
Por otra parte, la inteligencia es un denominador común del ser humano, es una cualidad muy bien repartida, casi todos estamos en un nivel medio, con muy pocas diferencias entre nosotros. Pero no debemos confundir inteligencia con sentido común (o sabiduría, o como lo querais llamar, que simplemente es aplicar el sentido práctico hacia uno mismo). La inteligencia es una herramienta útil y eficaz, nada más. Lo que pasa es que una buena parte de la población no aplica la inteligencia y una pizca de objetividad para establecer su modo de vida.
La violencia claro que es útil, el miedo que genera la violencia es una herramienta muy poderosa en nuestras relaciones sociales. Ahora bien, eso no quiere decir que nos convenga usarlo. Yo puedo comerme un filete agarrándolo con las manos y desgarrándolo a dentellada limpia, pero posiblemente lo haga con cuchillo y tenedor, no sólo porque socialmente es más aceptable, sino porque no me pringaré las manos ni la cara. De igual manera, aunque la violencia tiene su utilidad, no sale rentable por las consecuencias que conlleva. Por lo menos, en general.
En mi razonamiento no utilizo argumentos morales como el respeto al prójimo ni a sus derechos, al fin y al cabo no son razonamientos naturales, sino sociales.
De todas formas, aunque no nos converga comportarnos agresivamente, una parte de nosotros así lo desea. ¿Cómo lo solucionamos?. Lo podemos "domesticar" frenando esas tendencias, y usamos nuestra inteligencia de forma productiva. Aunque realmente es más un esfuerzo de voluntad que otra cosa. Pero la represión puede no ser suficiente. De hecho, muchas veces no es sano reprimirlo todo. Al fin y al cabo, es una parte de nosotros mismos, y no tiene por qué ser destructiva. Podemos utilizar nuestra agresividad (física, o normalmente psicológica en forma de competitividad) de forma lúdica. El juego no es un invento del ser humano, lo sabe cualquiera que tenga animales domésticos. Un gato juega a cazarnos nuestra mano, pero no emplea su potencial para hacernos daño, como si cazara de verdad, está jugando. Nosotros podemos jugar, descargar adrenalina, competir, y sentirnos muy vivos. Ahí está la categoría personal de cada uno, que disfruta cuando gana, y también cuando pierde, porque lo que interesa es la competición en sí.
Diossssss, que largo me ha quedado el comentario. Tengo un problema muy serio con mi incapacidad para sintetizar. Bueno, ahí queda eso, si has llegado aquí leyendo, enhorabuena xD
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