Quizás debiera advertir antes de empezar que el artículo de hoy pueda herir la sensibilidad de aquellos con estómagos débiles y poco entrenados para afrontar la presencia de secreciones internas y habituales de las personas enfermas, pero hoy es necesario contar lo que pasó anoche con la sorprendente Patricia.
      Considero que los elementos escatológicos se pueden afrontar de dos formas bien distintas. La primera, la más habitual, con la transformación del gesto facial en una especie de rechazo progresivo y brusco, que se caracteriza por el fruncimiento compulsivo del ceño y la ligera apertura de la boca, acompañada del alzamiento de los carrillos y el discreto cierre de los ojos, con la firme convicción de ahuyentar inútilmente el motivo de dicha convulsión humana.
      La otra reacción posible, más extraña a la vez que envidiable, es la de acercarse a dicho comportamiento humano desde un punto de vista más humorístico, aprovechando las circunstancias para reírse del comportamiento natural de las personas. Yo pertenezco a ese grupo, al que es capaz de encontrar el lado divertido ante la presencia de todo tipo de excreciones naturales del cuerpo humano, bien sean internas o externas, aunque no siempre consigo reprimir mis instintos primarios y acabo sucumbiendo ante lo obvio como hacemos todos.
      No creo ser el único, ya que tras la osadía de los hermanos Farrelly de jugar a mostrar gominas naturales, erupciones varias y todo tipo de imaginación escatológica, la reacción general de los espectadores distaba mucho de lo natural y las carcajadas en los cines demostraban que todo puede llegar a tener su punto divertido.
      Quizás es una adaptación más al lugar donde trabajo, donde los baños de sangre, cambios de pañal y secreciones varias han modulado mi visión sobre el tema, reaccionando de la manera más darwinista posible, la adaptación a mi medio.
      El caso es que me gusta reírme de este tema y lo que pasó anoche con la niña es digno de pasar a los anales (no le busquen doble sentido a la palabra) de mi historia como padre primerizo.
      La situación fue la siguiente:
      Sobre las ocho de la tarde de ayer nos encontrábamos Patricia y yo esperando la llegada de mami y para hacer la espera más llevadera decidí ofrecerle a la pequeña un yogur de coco. Habitualmente, la reacción de la niña es devorar, no uno, sino dos unidades de los mismos, pero algo raro le ocurría y no fui capaz de identificarlo a tiempo.
      No abría la boca como de costumbre y alternaba las cucharadas con largos paseos alrededor de la sala de estar. Pero siempre volvía a por una más y decidí complacerla con su postre favorito.
      Sin embargo no llegó a terminar el mismo, por lo que decidí no desperdiciar el manjar y comer los restos que me había dejado la princesita. Estaba realmente bueno y mi reacción natural fue ir en busca de alguno más, pero el acercamiento paulatino de Patricia me planteó otra alternativa, más nutritiva, que no era otra que quedarnos abrazados en el sofá.
      Cualquier padre debe saber que, a estas alturas de desarrollo infantil, esos misteriosos abrazos suelen llevar consigo un objetivo secundario. Yo mal supuse que, a las horas en las que estábamos, ya el sueño podía con ella y no me reprimí en abrazarla con fuerza. Pero…
      …La niña comenzó a llorar débilmente y cuando fui a jugar con ella emitió un profundo y largo vómito que me cayó largamente en la cara. Mi reacción fue la de sonreír por el asunto, aunque duró muy poco porqué a la expulsión inicial siguieron otras tres continuadas y enlazadas por llantos de la niña, lo que me borró el gesto de los labios y me supuso una alerta justificada.
      Al mirar a mi alrededor y comprobar el estado del sofá, el suelo del salón y las ropas de los dos, decidí meterla en la ducha con la ropa y volver rápidamente a limpiar el caro estimulador de mis descansos y allí comenzó entonces la odisea.
Todas mis barreras se vinieron abajo al comprobar como tenía todo mi cuerpo lleno de leche y derivados en digerido estado, y mi lado más escrupuloso emergió desde dentro y comenzó a iniciar el proceso de rebeldía.
      Así que dejé las cosas como estaban, me dirigí a la ducha a limpiar los restos que me cubrían completamente y empecé a divertir a la niña con una sucesión de arcadas y vómitos a los que ella respondía con unas carcajadas dignas de mi mejor heredera. Cuanto más náuseas y arcadas ofrecía yo, más se reía la pequeña, lo que acabó por contagiarme y terminar riendo los dos bajo la cálida lluvia que nos caía en la ducha.
      Fue una reacción lamentable pero me generó más de una risa, y también lágrimas al notar el escozor nasal, que hicieron de una tarde aburrida y convencional, una fuente de diversión inesperada e inolvidable. Aunque no se me apetece repetirla, claro está.
      Para no preocuparles, señalo que la niña está estupendamente aunque sigue con esa eterna tos que nos apuñala todas las noches; Janet no descubrió muestras de lo escatológico salvo los restos aromáticos del lugar y el sofá, bueno, es una larga historia.
      Que buenos momentos me sigue obsequiando esta pequeñaja.

Jajajajaj. Me imagino a tu hija mirando para tí mientras te dan
arcadas y ella descojonada, jajajja. Espero que se mejore de esa
tos y que el tufillo se vaya pronto del salón, jajaj. Un saludo
campeón y gracias por lo de ayer. Me gustó mucho el detalle. Dale
un beso a la pitufilla y un saludo a Janet.
No cuentes más historias de la niña de esa manera, que luego
adastra se pone sentimental y le entra la envidia, jeje. Un saludo.
jajajajja...... que buena manera de hacer de algo horrible un buen
momento....un abrazo David!
ay nooooooo de verdad que el amor de padres da las personas un
valor y un estomago muy fuerte, yo no aguanto nada salgo corriendo
por aire, que admirable de verdad por lo que se alcanza a ver en la
foto de arriba tu nena esta hermosa que se recupere pronto.
¡Por un momento conseguiste asustarme! Pensaba que lo que te habías
tomado pensando que era yogur de coco era cualquier otra cosa
salida del interior de tu dulce y adorable hijita (de ahí esos
largos paseos). Me alegra comprobar que no. Claro, das tantos
avisos de que será "guarro" que luego uno se imagina más de lo que
es :-P Una historia divertida y, como siempre, instructiva. Un
saludo!
¡Por un momento conseguiste asustarme! Pensaba que lo que te habías
tomado pensando que era yogur de coco era cualquier otra cosa
salida del interior de tu dulce y adorable hijita (de ahí esos
largos paseos). Me alegra comprobar que no. Claro, das tantos
avisos de que será "guarro" que luego uno se imagina más de lo que
es :-P Una historia divertida y, como siempre, instructiva. Un
saludo!
=_= A una amiga le pasó lo mismo con su hermano pequeño, se llevó 3
o 4 días contándolo... lo que te queda por disfrutar Sinsan...
ajajajajajaja!!
jajjajajajajjajajajjajaja.Me estoy imaginando el festival! Un
abrazo
Esos son el tipo de historias que hace que uno "irónicamente"
quiera ser mamá (o papá según sea el caso), pero luego regreso a
tococirugía... y ya quisiera ir pagando mi histerectomia :S buuuu
Jacosito: El tufillo parece que ha desparecido, pero el sofá está
de pena. Tuvimos que darle la vuelta al colchón y algo se disimula.
Ya le di el regalo a Janet, a pesar de que el cumpleaños es la
semana que viene, y le ha encantado mucho mucho mucho. Noli: Ahhh,
le pondreis sinsangre en mi honor. Arcoiris: Todo depende del
cristal con que lo mires. Un beso. Speicherstadt: Bienvenida. La
verdad es que todo lo que antes te parecía insoportable es más
llevadero cuando es tu hija la culpable. Es increible. Chico-Viejo:
Tampoco iba a entrar en detalles sobre los tropezones del contenido
alimenticio, pero podría ser más bestia. Por cierto, ya he
conseguido J.S.A., en el Daily Price, y esta semana cae seguro.
Alentadora: Son esas cosas que tienes que compartirlas por lo
divertidas que resultan. Unas risas facilonas. Bea: Un auténtico
festival. Un abrazo. Everik: Todo a su tiempo. Ya verás lo que
disfrutas cuando el hijo sea tuyo.
Recuerda que hice un review en el blog, espero tu opinión al
respecto de la misma. Si no te emociona la película, puedes
mandarmela por correo y te pago el precio que.... ¿no cuela,
verdad? Jajajajajaj... ¡Es muy buena!
A pesar de lo "extravagante" de la situación, he de admitir que he reído a mandíbula batiente. El capítulo de los gases supongo que vendrá pronto, ¿no? (El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, jeje.. :p).
Me encanta leer cómo disfrutas de tu vida... Ers un tipo con suerte, que dirían en las películas, pero a buen seguro lo mereces.
Un abrazooooo
Buenos reflejos, yo me temo que estaría unos diez minutos riéndome y pensando por donde empezar (con lo que lo del sofá, estaría...)
jajajaja. Por lo menos ya sabes qué sintió el sacerdote de el exorcista cuando Linda Blair le vomitó en la cara!!Bueno, esa anécdota con tu nena la recordarás de por vida y seguramente algún día se la contarás a tus nietos. Un beso :)
Jajaja que bueno, pues sí, hay que reirse de esas situaciones, ¿qué vas a hacer sino? ;) si la pequeñita estaba asustada seguro q se le quitó de golpe, un gran papi. Estoy a favor de decorarlo todo con unas risas, es genial. Yo soy muy negada en ese sentido, tengo poco estómago, no puedo evitarlo jejeje
Un abrazo!
Si es que los papás os ponéis de graciosos... no me extrañan nada las carcajadas.
Jajajajajajaja... es que uno por los hijos hace lo que sea, y todo lo demás por asqueroso que parezca en otras situaciones pasa a un segundo plano...
Lo que me espera con Juanpi, jejjee, ya les contaré.
Yo soy super asquienta, pero creo que el día que sea de mi hijo.....eso se me quitará y como tú le veré el lado divertido.....Mientras....pues!!! Que valiente eres!! jajajajaja......
Preciosa princesa la que te cargas!
Me despistó el título, pero , como siempre, al leerlo, se da uno cuenta de que encierra en el una gran dulzura y no hablo del yogurt de coco...
Un beso.