Una paso atrás, para seguir con más fuerza
      El inicio de toda aventura que emprendemos en nuestras vidas va acompañado, por norma general, de una fuerte dosis de entusiasmo, un ligero toque de ambición y una amplio e indeterminado objetivo que se difumina con demasiada facilidad. Llámese carrera profesional, viaje de placer o, incluso me aventuro a sugerir relaciones personales, todas las odiseas personales siguen el trayecto de las divertidas montañas rusas, con sus vertiginosos descensos precedidos de lentos e interminables ascensos que culminan en una nueva caída.
      Estos días medito sobre la necesidad personal de escribir en este pequeño rincón. Busco los motivos que me impulsan a sentarme ante el teclado y que me empujan a mantener mi rumbo e intento rechazar el desánimo que por momentos me zarandea y que se burla de mi baja perseverancia. Hay días en que decido parar. Días en que miro a mi alrededor y encuentro miles de motivos excluyentes de la escritura desinteresada en esta comunidad.
      Así que tengo que fortalecer mis convicciones para seguir con la satisfactoria tarea y, a buen seguro, la escritura de estas letras servirán como catalizador de mis ambiciones ya que se acumulan días de mojadas ideas y letras olvidadas que me duelen mantener en el anonimato y que parecen no querer salir a la luz.
      Recientemente pasó el cumpleaños de mi adorada esposa y no supe plasmar nada de lo que tenía dentro, lo que me originó una sutil frustración que se mantiene incluso durante esta noche en la unidad. Espero que la catarsis sea efectiva y cumplir con lo debido el próximo lunes, con un pedacito de mi interior que lleva tiempo buscando una salida.
      Así que me planteo cual es el motivo por el que uno se sienta en esta incómoda silla y decide organizar pensamientos en palabras grandilocuentes y efectivas.
      Había leído por ahí que el motivo de la escritura de una bitácora era la de publicar un diario personal, una biografía continuada sobre lo que nos pasa cada día. No me convence la idea. Es más, no me lo creo. Cualquiera en su sano juicio entiende que un diario es algo personal, único en su concepción, desarrollo y estilo, y destinado a la misma persona que lo escribe, por lo que el concepto de publicar algo tan personal se me antoja incoherente.
      Claro está que las cosas que publicó son parte fundamental de lo que me pasa por la cabeza o situaciones que vivo y que resultan dignas de ser contadas pero, como todos, me reservo una gran zona de mi vida que destino a mi mujer, mi hija o a mí mismo. No se encontrará en mis palabras secretos inconfesables, ni sentimientos reservados. Sólo aquello que no dañe a nadie y, sobre todo, que no me hiera al pregonar mis secretos.
      Podría escribir en busca de una perfección semántica, lingüística, retórica o gramatical. Para demostrarme los conocimientos que he adquirido a base de fanzines de oferta en grandes almacenes. ¡Aprenda a expresarse correctamente con las palabras adecuadas!. ¡Gramática para torpes!. Si hasta podría escribir un libro y todo. Pero mis ambiciones caen en el olvido al comprobar como adornan sus musicales letras ángeles como Antares o Any, o demonios tales como Chico Viejo o Engelson. Uno más entre todos, un admirador y un envidioso.
      ¿Qué tal conocer a amigos de otros lugares, costumbres e ideologías?. Muy tentadora la idea, pero la brevedad de los comentarios y la especificidad de los mismos hacen que las bitácoras no sean los lugares apropiados para ello. Quizás mejor una charla por teléfono, o una buena comida. Aun así, es un buen motivo como para continuar con la tarea y seguir aumentando la lista de Gatinhas, Milenas, Pilukis, Arcoiris, Jam…..
      Que te comenten sobre lo que escribas. Mejor olvidarlo. Aumentar el contador, vanidad enfermiza.
      Entonces, ¿cual es el motivo por el que uno deja pasar las horas delante de su ordenador?
      Pues que me divierto y mucho. Los momentos en los que me analizo, busco y escojo motivos para su disección, se me antojan infantiles, y por tantos, disfrutables. Basta con que me mi mujer se golpee con una puerta, que se me queme una comida o que alguien tenga un malentendido en mi presencia, para que la maquinaria se vuelva a engrasar y comience a salir humo de mis orejas; Espero ansioso las palabras de esos cada vez menos desconocidos que me sorprenden con sus ingeniosas ocurrencias. Leo y releo sus comentarios y me sorprende apreciar nuevos puntos de vista que pasan anónimos ante mis cerradas creencias y los disfruto con orgullo; Devoro variados artículos y me esfuerzo en responder con coherencia para mantener viva esta llama...
      … y porque ha bastado un poco de divagación nocturna para que se asome una sonrisa en estos labios que me recuerdan que todo tiene su lado bueno.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
Sonrisa cómplice dijo
Para mi el blog es un lugar donde puedo decir en voz alta cosas que nunca me atrevo a decir a los que tengo al lado. Como por ejemplo, esto me duele, gracias, hoy estoy mal...
Pero creo que el motivo principal, al menos el que me hace seguir cada día es ver como los demás responden, dejan sus comentarios y te hacen sentir que formas parte de algo.
O simplemente el hecho de leer los blogs ajenos, ver que hay más gente que siente como tu, que evoluciona, que sonrie, que llora...
4 Noviembre 2005 | 11:27 AM