Parece que la puerta se ha vuelto a abrir.
      He retirado las vendas que me ataban, desde hace ya mucho tiempo, y he exorcizado a los fantasmas que me impedían regresar a este lugar de encuentro, para compartir con esas agradables presencias que se acumulaban tras mi pantalla, mi diferente punto de vista sobre todo aquello que me rodea y que me facilita una enorme sonrisa o un espectacular cabreo virtual que muere bajo las letras de éste teclado.
      Justificaciones muchas. Concluyentes ninguna.
      A modo de penitencia explicaré que estas fechas navideñas se han vuelto muy duras para el que les escribe. No ha pasado nada lamentable, pero elegí abandonar voluntariamente el paralelo a la realidad para centrarme en otros asuntos que consideré, y lo sigo haciendo, más importantes y a los que me veo obligado a prestarle toda mi atención.
      Muchos sabrán que a estas alturas Patricia se ha convertido en un auténtico torbellino que centraliza mi vida y mi escaso tiempo. Alguno incluso conoce la espectacular labor que está llevando mi mujer en su tienda de decoración en estas fechas de consumismo desorbitado. Y quien más o quien menos reconocerá que la fatiga termina consumiendo por dentro a todo aquel que caiga por sus heladas manos y que pierde la lucha cuando se encuentra falto de motivación.
      Sumémoslo todo y compliquémoslo un poquito más. Enfermemos a la pequeña e impidamos que vaya a la guardería durante un tiempo prolongado. ¿Qué tal si aprovechamos las fechas para dedicar el fin de semana a continuar con las ventas diarias y convertirse el trabajo en una auténtica necesidad vital? Y por supuesto. Dejemos que el hospital se llene de accidentados varios, de pronóstico incierto, que te destrocen la moral por completo dedicando todo tu esfuerzo a emprender acciones cercanas al milagro.
      Por supuesto los momentos de descanso estaban ya dirigidos a mis niñas.
      Hasta hoy, que comienza a aparecer una tenue luz al final del túnel. Que la pequeñaja se ha vuelto a incorporar a sus actividades. Que tengo por delante un oasis de tiempo libre al que arañar unos minutitos para dedicarlos a mi alter ego. Y que parece ser que por fín las cosas empiezan a serenarse un poco.
      He vuelto a perder mi sangre. Y seguiré derramando por aquí parte de ella.
      Y no quiero olvidar a aquellos que me han transfundido ánimos para que el día de hoy sea el primero de muchos en los que seguir presentando ideas descabelladas y sentimientos varios en estas efímeras letras. Tengo muy presente lo que han hecho y espero devolverles todo con los justos intereses. Empezaré mostrando mi gratitud de la forma más sincera que se me ocurre en estos momentos. Escribiendo de nuevo. Estrellas, Gatas, Amantes de lo Coreano...
      ...Empecemos.