Tras la exagerada inundación en nuestras librerías de obras con temáticas más o menos revolucionarias sobre la vida desconocida de Jesús de Nazaret, sobre su posible y oculta descendencia y la supuesta supervivencia al duro trance de la crucifixión, no me queda más remedio que intentar asimilar dicha información y plantearme, de un modo más o menos serio, si la misma me aporta algún tipo de beneficio o si, más bien, lo que consigue es minar la moral de los inquietos.
      Porque cualquier tipo de conocimiento es bueno por naturaleza. Mejora tu raciocinio, te permite mostrar una actitud crítica ante los avatares de la vida y te moldea la mente para afrontar los conflictos de una forma más práctica. Pero a su vez, implica un rechazo frontal a todo tipo de dogmatismos establecidos en nuestro interior desde los primeros tiempos de nuestra existencia sacra. Y en ese dualismo, en esa lucha no siempre sale uno victorioso.
      Todo esto comienza, por poner un momento concreto aunque no sea lo más adecuado, tras la lectura del famoso Código da Vinci. Novela para pasar el rato que abría una serie de incógnitas más despejadas tras analizar “El Enigma Sagrado”, una serie de publicaciones especializadas y no sé cuantas fuentes más (“Caballo de Troya”, ”María Magdalena…”). Me viene a la mente incluso la película de Antonio Banderas sobre la aparición de un cuerpo en Jerusalén, con unas características determinadas.
      Una vez asimilada la información, y desechada gran parte del relleno que la caracterizaba, te queda dentro de la cabeza una mínima duda sobre todo y es entonces cuando uno comienza a pensar por sí mismo para buscar hipotéticas conclusiones que justifiquen todo el entramado que nos han ofrecido. De ahí a la desesperanza, al rechazo a los convencionalismos religiosos y a la eterna y primera pregunta que se hace el ser humano desde que tiene uso de razón iba un ligero paso.
      Porque si aceptamos la premisa de que Jesús no murió en la Cruz, que tuvo descendencia y las demás afirmaciones que tan de moda se han puesto en estos últimos años, todos, y digo todos los cimientos de la Iglesia quedan destruidos y el presente de dicha institución tan sagrada queda en entredicho y desnuda su carencia de sentido en la sociedad que nos rodea en la actualidad. Esa persecución a la mujer, esos intereses políticos y económicos variables en función de su conveniencia, todo carece de sentido para el que les escribe.
      Pero a su vez, siento una profunda envidia, e incluso admiración por aquellas personas que aún así mantienen la esperanza en esa, o cualquier otra institución de idealismos semejantes, que les garantiza un futuro mejor en otro mundo paralelo al nuestro. Una eterna vida o un más allá. Que el sufrimiento que les rodea tiene alguna justificación desconocida y que los designios de nuestra efímera vida están firmemente diseñados por un ser superior que nos controla como si fuera el Gran Hermano.
      Lo pienso bien y creo que es una ventaja. A mi alrededor observo a personas poderosas con un enorme vacío interior, que no encuentran un sentido adecuado a sus vidas. No son capaces de disfrutar de los más preciado que tenemos y buscan vías de escape alternativas que simplemente disfrazan la soledad en la que se encuentran. Ya pasó dos siglos atrás, con la muerte de Dios que vaticinaba Nietzsche y el aumento desproporcionado de suicidios entre aquellos humanistas que desconocían el sentido de su presencia en este mundo. Sin embargo, compruebo como personas con una milésima parte de la supuesta “felicidad” que tienen estos desgraciados, encuentran unas respuestas, verdaderas o no, en la creencia de un mundo mejor y la sonrisa que nos regalan, a pesar de sus penurias, es admirable e, incluso, envidiable.
      Es como cuando en Matrix, al siniestro personaje, en realidad no tanto, Cifra, llega a un acuerdo con los Agentes para olvidar todo los conocimientos que tenía y poder volver al programa para poder disfrutar de un simple bistec con papas, a pesar de desconocer que todo lo que le rodea es irreal. Piénselo bien. En mi caso escogí la pastilla roja y, ahora, me planteo si fue correcta mi elección.
      Me habré convertido en un humanista, racionalista o de cualquiera de las corrientes filosóficas que basan sus cimientos en el conocimiento de lo que nos rodea, aun ha riesgo de sacar estas conclusiones absurdas al aire. Y eso no es del todo malo, aunque en ocasiones hubiese preferido mantenerme en una discreta penumbra.
      Ahora, analizando todos los puntos, descubro que la vida cobra sentido. Me olvido del más allá y disfruto de mi pequeña, mi mujer, las tabletas de chocolate, las películas de Tarantino o Park Chan Wok, y disfruto de un buen café en casa mientras suena de fondo cualquier disco de Björk.

Magnífico artículo, amigo. Yo también destacaría esa escena de Matrix como una de las mejores de la película. Con un calado filosófico de mayor envergadura de lo que parece. Yo también me replantearía mi existencia si supiera que con la pastilla azul se vive mejor, dentro del engaño.
Es lo mismo que se comentaba en el blog de Septiembre, con motivo de su último post. Como la imaginación y los sueños son grandes instrumentos para sobrellevar la vida "real".
Y me repito. El guión que escribo (dejé un extracto en el blog) con título FINAL va por ahí. A ver si lo acabo de una vez y os lo paso. Va más por el terreno de la realidad virtual, pero el dilema es el mismo.
Ya que mencionas al gran Park Ch-W, comentarte que dentro de poco sale el dvd de su última peli en el mercado asiático. De ahí a las redes de intercambio. Y de ahí a... En fin, que si consigo los enlaces te los paso.
Un abrazo!
Me gustó muchísimo.
Estoy de acuerdo contigo, admiro a esas personas que creen en algo que nunca se ha demostrado, que conservan su fe y que siempre se agarran a ese "algo" que les ayuda a salir adelante.
Por mi parte soy totalmente atea, y eso hace que no encuentre a veces sentido a muchas cosas, que vea las injusticias con otros ojos y que a veces mi sonrisa se borre.
Como tu dices olvidémonos del más allá y disfrutemos de la gente y de las cosas que nos rodean y nos dan tan buenos ratos, eso es lo que nos regala momentos "felices".
un abrazo
Buen artículo David.Yo también admiro a la gente,que tiene firmes creencias religiosas,y que en eso encuentran el sentido a su vida.
Saludos
"Porque cualquier tipo de conocimiento es bueno por naturaleza"...bien dicho, éso y el resto.
Chico Viejo: Es como cuando uno ve los documentales sobre animales salvajes. Ves tranquílamente al ciervo pastando sin darse cuenta de que sus días están contados. Vive feliz y no le da vueltas a la cabeza sobre el conocimiento de un final desalentador.
Septiembre: Yo aún no me puedo definir como ateo. Debe de haber algo por ahí. Lo que pasa es que los sistemas religiosos establecidos cogean por todos lados, y no creo que me convierta en un ferviente religioso más.
Bea: Es admirable esa devoción férrea. Superaran mejor los duros golpes de la vida.
Engelson: Muchas gracias. Queda aun mucho para seguir tus pasos.
"Es como cuando uno ve los documentales sobre animales salvajes. Ves tranquílamente al ciervo pastando sin darse cuenta de que sus días están contados. Vive feliz"
Una imagen desoladora la que me has creado en la cabeza con esa comparación.
También podríamos decir que es como cuando Oh Daesu está en la cama con Mido... es feliz... mientras su enemigo se lo permite :-D
Para unos días tendré la reseña de Sympathy for Mr. Vengeance, ¿la viste? No te extiendas en tu respuesta si es afirmativa, reservate para el momento adecuado ;-)
El ejemplo de Old Boy es otra clara muestra de que no sabemos lo que nos puede pasar. Si te pasaras por la unidad de intensivos, verías unos cuantos más.
Hoy compré Sympathy for Mr. Vengance y Cashern. Mañana iré al cine a ver las Siete espadas, pero pronto caerá. Antes de la reseña.
No se si conoces esta canción:
REALIDAD O SUEÑO (Jarabe de Palo)
Deja que te hable de mis sueños
que tras el tiempo se escondieron
pero que contigo han vuelto.
Deja que te hable de mis sueños
que con el tiempo se perdieron
confundidos en el silencio.
Sueño con los ojos abiertos
puede que pienses que estoy loco
porque me creo lo que sueño.
Y si tu quieres te los cuento
los escribí en un libro abierto
en el lenguaje de los sueños.
Qué hay de malo en perseguir los sueños
Qué hay de malo en soñar despierto
Sueño en color sueño en verso
en historias con argumento
en canciones que al fin resuelvo.
Flotan guitarras en el cielo
veo montañas en el techo
para los sueños no hay secretos.
Creo en los sueños infinitos
aquéllos que tienen los niños
que se acarician con los dedos.
Creo en los sueños verdaderos
que corren sin rumbo ni dueño
y a los que nadie puso precio.
Son los sueños realidad o sueño?
Es la realidad verdad o sueño?
Que hay de malo en perseguir los sueños?
Que hay de malo en soñar despierto?
Son los sueños realidad o sueño?
es la realidad verdad o sueño?
Pues eso me sugiere tu articulo de la pastillita,yo tambien me quede con la roja.
saludos
Es de las cosas jodidas de la vida...
vivir felices en un mundo que sabemos no es real
o jodernos enfrentando la realidad...
Felcidades por el texto, que tiene muchas ideas sugerentes. Personalmente no admiro a las personas que a partir de la religión dan sentido a su vida, aunque por supuesto las respeto y entiendo.
Pero me quedo con la pastilla roja, la de la conciencia aunque duela. Me quedo con intentar comprender el mundo, la vida y la muerte, con todas sus cosas buenas y todas sus cosas malas.
La vida en Matrix no es feliz, sólo lo parece. La felicidad no es no tener problemas, es aprender a encararlos y superarlos (o aceptar los que no se pueden superar). Matrix es la vida superficial y la superficialidad no da la felicidad. Lo auténtico sí.
En mi opinión las religiones se inventaron como una respuesta de la humanidad ante el insoportable miedo a la muerte. Pero ya en el siglo XXI hay que decir que esto no tiene sentido, es absurdo tener miedo a algo que es tan parte de la vida, y que se aloja en todas nuestras células desde que nacemos. Se trata de perder ese miedo a la muerte y aprovechar la vida, que es lo único cierto que tenemos
Bueno, sólo mis opiniones
Mmar: Gracias por la canción. un poco de música relacionada con el tema siempre viene bien.
Lucas: La elección es de cada uno. No termino por decidirme por ninguna.
Diego: Entiendo que la aparente felicidad pueda ser solo un engaño, pero existen ciertos (muchos) casos en que es preferible eso a conocer que todo lo que nos pasa no vale absolútamente para nada. Si no hay más alla un futuro mejor, ¿para que seguir sufriendo?. Yo, insisto, elegí la azul.
Entiendo que puede haber algunos (pocos) casos hipercondicionados en que es preferible la azul, pero creo que la gente opta por la azul con demasiada inconsciencia, y creo que aunque en principio eso parezca dar una aparente felicidad, a nuestro cuerpo lo que mejor le viene es la conciencia (la roja). No se trata de llegar a la conclusión de que todo lo que nos pasa no vale para nada, claro que vale, todo tiene un sentido. Tenemos problemas personales, sociales, mundiales, pero creo que lo mejor es integrar todo eso en una vida coherente y positiva, reconocer y afrontar la responsabilidad personal de dirigir nuestra vida, y trabajar por avanzar en la medida de nuestras posibilidades. Meter la cabeza en el agujero como el avestruz no es la solución para la salud de nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro espíritu. O eso creo.
Encantado de intercambiar contigo.