Buscando una brújula
      Un día extraño este que acaba.
      Verán. Vivo en una isla preciosa situada geográficamente al sureste de la península ibérica y que contiene, en los relativos poco kilómetros que la bordean, toda la variedad continental que puede uno soñar, desde preciosas playas a maravillosos campos, buenas gentes y deliciosa comida y, sobre todas las cosas, una idílica climatología caracterizada por la presencia de los vientos alisios que nos baña en temperaturas medias anuales de 25º aproximadamente.
      Este lugar de ensueño se ha visto truncado hoy, en pocas horas, por un diluvio abrumador que nos maravilló de entrada y nos causó entusiasmo a todos los isleños. Ver el agua caer con fuerza siempre alegra a quien no está acostumbrado. Pero pocos minutos después, cuando las gotas del cielo decidieron unirse con el agua del suelo, la admirada belleza celestial optó por revelar su verdadera identidad para mostrarse como una de las mayores fuerzas latentes en la Naturaleza y, con ello, darnos una gratuita lección de humildad a todos los que, inútilmente, corríamos a reparar los desperfectos que ocasionaba a su paso.
      Me avergüenzo de escribir todo esto después de las impresionantes imágenes que, año tras año, ofrecen los informativos sobre los devastadores efectos de los grandes y recientes huracanes, así como la grandiosa voracidad que mostró la mar apenas hace un año, pero creo necesario situar en el contexto todo lo, tristemente, ocurrido en el día de hoy.
      Calles inundadas, alcantarillas desbordadas, coches averiados y múltiples sótanos recibiendo litros y más litros de agua. Por lo que a mi respecta, pasé gran parte del día achicando agua de manera inútil, aunque los daños han sido leves y me alegro por ello.
      Pero me desviaré un poco del tema.
      Mi padre, con cierta frecuencia, muestra un comportamiento insensato que a todos nos vuelve de los nervios. Tiene la sana costumbre de pensar, siempre, en los demás antes que en él. Ésto, que siempre, siempre será admirado, e incluso envidiado por mi parte, supone con cierta frecuencia un motivo de conflicto en mi familia ya que, cuando se le requiere, es difícil que esté cerca de uno. Encima, no conoce lo que es llevar consigo un sistema localizador, o un simple teléfono y, en días como hoy, con la que nos vino encima, las horas carentes de noticias sobre su paradero se vuelven interminables y angustiosas.
      Al grano. Se le rompió el coche al pasar a través de un charco, no hubo forma de ponerlo en marcha, estaba lejos de cualquier medio de comunicación y es un cabezón. Ya está.
      Pero pasó algo que no esperaba hoy. Y me ha impulsado a escribir unas letras esta noche, a pesar de que tenía ideas revoloteando por mi cabeza con la de cosas que han ocurrido en este extraño día.
      Cuando localizamos a mi padre, le fuimos a buscar. Intentamos arreglar el coche, no hubo modo, y esperamos a la grúa (tres horas por sobrecarga de trabajo). Allí, en medio de la calle, me dediqué a contemplar el despejado panorama. Para entonces la lluvia se alejaba en el horizonte.
      A lo lejos había dos chavales de unos quince años, pedaleando y haciendo malabares sobre sendas bicicletas. Se reían y jugaban en los charcos, como tantas veces hice yo en su momento. Se acercó un mendigo y aprovechó uno de los salientes de la casa para aprovechar los chorros de agua que caían desde la azotea y limpiarse las manos y la cara. Una estampa entrañable que me inspiró una cierta ternura hacia el desconocido.
      Pero, aun no me termino de explicar el por qué, los niños comenzaron a insultarle y a pedalear alrededor del hombre que, no dejaba de simplemente, limpiarse. Hediondo, asqueroso, puerco. NO LO ENTIENDO. O no lo acabo de asimilar. Hay algo que se me escapa.
      Vistas las últimas imágenes que me llegan desde varios puntos del país sobre actos similares, no debía de sorprenderme tanto este “juego”, pero tengo la sana costumbre de creer que la manipulación informativa de los medios españoles, magnifican las historias en busca del impacto de los televidentes y que la sociedad no estaba tan denigrada aun.
      Pero yo lo vi a pocos metros y, aunque no hubo agresión física en ningún momento, el dolor que me produjo ver lo que vi u oír lo que oí, rebotan dentro de mí y me llenan de rabia y pesar.
      Ante este punto, ya no se que pensar.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
Antares dijo
Siento decirte que difiero. Llámalo deformación profesional o como quieras, pero no creo que los telediarios denigren o corrompan la sociedad. Por desgracia, yo soy de las que piensa que el Hombre es Bueno por Naturaleza, pero la sociedad lo corrompe. Me explico: a menudo se vuelca la incomprensión contra los medios de comunicación por contar y mostrar lo que simplemente sucede. Pero pasa que en la Bondad de cada uno de nosotros nos resistimos a creer que, efectivamente, eso sucede. Yo tampoco sé qué creer, y me enfrento cada día a una realidad que no comprendo en conjunto, pero que amo en pequeñas dosis. Ciertamente la TV muestra horrores, pero ¿dejamos de informar y ponemos una venda en los ojos para no saber qué pasa? Sin lugar a dudas es escalofriante pensar en estos adolescentes que abusan de la violencia (verbal en este caso) porque se creen superiores. Pero el problema quizá no lo tengan tanto los medios como el entorno en el que se mueven estos jóvenes.
Los padres aquí son pilares fundamentales que deben educar también en valores, y no sólo enseñarlos, sino practicar con ejemplos y hacer que se practiquen. Los medios de comunicación no son culpables de las reacciones de la gente, aunque tengan una triple misión clara: informar, formar y entretener.
Aún así, se me han removido las tripas cuando he leído la parte de los jóvenes... Pero "habemos" algunos capaces de cambiar este mundo. Al menos el de nuestro entorno más imediato.
Un fuerte abrazo!!
PD. Me encanta la fuerza de tu regreso.
25 Enero 2006 | 11:45 AM