Estudios ¿probados?
      Recientemente leí un artículo en el periódico acerca de la importancia que tiene la lectura en la educación de nuestros hijos y la directa relación que existe entre la falta de estímulo escrito y la actual violencia que con tanta frecuencia vemos en los informativos televisados.
      Que, en resumidas cuentas, aquellos que dedican su tiempo a hacer barbacoas en los cajeros automáticos, a mandarse mensajes multimedia con canciones de jarabe de palo o a decidir que los despidos improcedentes de los jóvenes galos no son del todo correctos, estan condicionados única y exclusivamente por la falta de un buen libro entre manos.
      ¡Qué sencillo parece todo entonces! Es más. No creo que sea necesaria tanta alarma ante una situación como ésta.
Al fin y al cabo, las nuevas generaciones corregirán el problema, transformando a los malos en sapos o haciendo los más extraños conjuros, emulando así a su tan leído héroe de la cicatriz en la frente. Pasaremos de una sociedad propia de las películas de Kinji Fukasaku a un nuevo sistema idílico en el que los jóvenes entonarán canciones de los teletubbies.
      Eso es lo que tienen las estadísticas. Se proponen una o dos hipótesis convencionales y políticamente correctas, se pregunta a una pequeña parte de la población (escogida al “azar”) aquello que queremos que nos responda y así conseguimos nuestra cuota mínima en pantalla, nuestro minuto de gloria y unas palmaditas en la espalda. Lo más afortunados incluso ganarán dinero con ello.
      Cuando tenga algo de tiempo haré una de esas encuestas. Preguntaré a la población enigmas del estilo: “¿Te has criado sólo en casa frente al televisor o tus padres estuvieron contigo en aquellos momentos?” o otra así como: “¿Qué opinas de aquellos padres que, sintiendose culpables, compran a sus hijos todos y cada uno de sus caprichos?”. A lo mejor va y consigo hacerme rico con una cosa tan sencilla.
      Al fin y al cabo, si le damos a un niño lectura del tipo “American Psycho” y no le enseñamos a tener una visión crítica sobre aquello que recae en sus manos, podemos moldear a una maquina sedienta de sangre y dispuesta a partirnos por la mitad a las primeras de cambio con una espada samurai. Quizás me esté inventando muchas suponeres. Vamos, que me siento más seguro en un cine al lado de un niño, sentado con sus padres, en el que repongan una película de Takashi Miike antes que pasar al lado de un niño solitario jugando a la consola portátil en la puerta de una iglesia.
      La base de todo está en el cariño que le damos a nuestros hijos. En ofrecerles una educación adecuada a la edad que tengan y no agobiarles con un reparto de tareas tan extenso como el que nos toca vivir a los mayores. Entre los estudios y las actividades extraescolares no les damos tiempo a que se diviertan jugando un poco con lo que sea y les estamos llevando de cabeza a Macro a comprar cajas de benzodiacepinas.
      Quizás si nos olvidáramos un poco de esta espiral de consumismo en la que estamos inmersos, podríamos dedicarle algo más de tiempo al cuidado de nuestros chavales y menos a los quehaceres que nos mandan en la oficina. Sustituir el tiempo de estres cotidiano por jugar con nuestra pequeña una partidita a la PlayStation.
      Que sea la madre o el padre el encargado de sacrificarse para conseguir este regalo para nuestros hijos es una decisión del todo personal. Pero, al fin y al cabo, tengo claro que la otra alternativa supone el verdadero y único sacrificio.
      Gracias a la maestría de adastra, empiezo a ilustrar algunos de los artículos con pequeñas viñetas relacionadas con los mismos.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
Ummm dijo
Buen post, pero lo de las viñetas es más viejo que la playa. No es un descubrimiento original.
30 Marzo 2006 | 07:54 AM