Cosas que nunca te dije
      Me resulta curiosa la facilidad con la que se pueden expresar sensaciones, pensamientos o sentimientos frente a un papel y lo difícil que resulta todo hacerlo en voz alta. Debería ser al contrario. Acercarte a la persona que amas y decirle que la quieres sin tener esa sensación de telenovela rondando por tu cabeza. No esperar a que se quede dormida a tu lado para comértela a besos con la mirada y disfrutar de sus gestos mientras a ella le pasa desapercibido.
      Debería ser más sencillo. Dos personas adultas, con las ideas bien claras tienen que tener la capacidad de mirarse a los ojos y decir, a viva voz,: “desde que te conozco soy la persona más feliz del mundo” o cualquier otra realidad de la que todos somos partícipes.
      Eso sólo sale a relucir en los momentos difíciles, en los que te das cuenta de que todas las palabras, acumuladas durante tanto tiempo, gritan por salir a flote y están deseando volar hasta que lleguen a la otra persona para que confirme lo que sientes por ella.
      Y, sin embargo, nos empecinamos en camuflarlas.
      Somos unos seres tan estúpidos que, para expresar todo lo contrario, para reventar a base de improperios y palabras desafortunadas, no nos cuesta un ápice gritarlas a los cuatro vientos, a pesar de que, a los pocos minutos, nos demos cuenta de la tontería y falsedad de lo que hemos expresado.
      Sin embargo, no aprendemos. Y tropezamos en la misma piedra una y otra vez..
      Ahora mismo, en la soledad de la tarde. No me importa escribir que amo a mi mujer. Y me cuesta bien poco hacerlo. Ha estado a mi lado en todos y cada uno de los momentos importantes de mi vida, y me ha apoyado en otros que desearía no haber pasado. Sin embargo, cuando aparezca por la puerta en poco más de una hora, le daré un beso y empezaremos a hablar de alguna nueva película, de las noticias de pueblos lejanos o de la nueva canción de cualquier grupo de moda. Los sentimientos se camuflaran dentro de gestos, miradas cómplices o en momentos de pasión.
      A mi lado tengo a la pequeña, y aunque insisto en que ella me exprese las palabras que aun no llega a comprender, no soy capaz de repetírselas sin que me suene extr5aña mi voz. Y aquí estoy viendo como juega con sus cosas, deseando que no viva nunca una desgracia personal, salvo aquellas que la sirvan para madurar en su desarrollo.
      Todo esto se amplía a los amigos. Podríamos escribir miles de artículos sobre el cariño que le tengo a muchos de ellos. Algunos te ayudan de forma desinteresada, sin que apenas se den cuenta, y uno no es capaz de acercarse a ellos y darle un abrazo a tiempo de decirle todo eso que sientes y que, malamente, puedes expresar en palabras.
      Y aquí adentro, en este lugar abandonado durante tanto tiempo, pasa lo mismo, salvo que la comunicación oral se vuelve más complicada y los comentarios se vuelven el último resquicio de cariño atemporal..
      Debiéramos hacer un día de estos un experimento. Empezar a expresar nuestros sentimientos positivos a aquellos que nos rodean, y enviar por escrito todas y cada una de las barbaridades que, con frecuencia soltamos sin pensar. Posiblemente, cuando las releamos, nos avergonzaríamos de haber escrito esas letras endemoniadas y, en muchos casos, terminarían en el olvido sin que nunca lleguen a su destinatario.
      Hoy me encuentro más animado. Estoy seguro de que influyó bastante una merienda rodeada de grandes amigos con los que tuve la fortuna de compartir ayer unas risas y unos bocadillos.
      A todos ellos gracias.
      Ya queda poco para que se abra la puerta.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
Chicristi dijo
¡Genial! Vaya, lo que dices es tan de sentido común que igual por eso ni lo pensamos, pero qué gran verdad, leñe!
Recibe un fuerte abrazo desde aquí, desde Alicante, de mí, tu colega bloguera.
Cristina.
26 Julio 2006 | 10:58 PM