Ensayo y error
      Hace ya algunos años de eso pero, si no recuerdo mal, una de los principales y mejores consejos que me dieron cuando inicié mi aventura en el mundo sanitario fue el de encontrar la solución más simple ante la presencia de problemas complicados. Es decir, que antes de golpear con el puño cerrado el pecho de la persona afectada con una parada cardiaca por fibrilación ventricular, confirmar que los cables traductores de la señal eléctrica cardiaca estén conectados previamente (no es tan chanante como parece).
      Una vez asimilado ese concepto, por desgracia usando el método tradicional del ensayo-error, le produce a uno una tímida sonrisa el recordar momentos estelares en mi carrera en la unidad de cuidados intensivos como el despertar del médico de guardia a las cuatro de la mañana por taquicardias exageradas, el aviso por hipotensiones desconcertantes y tantas novatadas que, afortunadamente con el tiempo, uno empieza a controlar. Cínicamente pienso que, a algunos, les estuvo bien merecido en su momento esa perturbación de su descanso. Incluso debería hacerlo más a menudo escudándome en mi ignorancia. Pero, no me veo capaz de ser malvado y rencoroso hasta llegar a esos grados de patetismo. Al menos por ahora.
      Hoy no tenía intención de hablar de trabajo. Por lo general no me gusta salvo que sea divertido o tenga cierta relación con algún tema en concreto. Pero considero como válido el ejemplo anterior para aplicar las tesis comentadas en todos los ámbitos de la vida diaria.
      Así bien, si algún día te peleas porque no funciona correctamente el televisor, prueba a enchufarlo a ver. O si llegas tarde una y otra vez a las citas concertadas con tus amigos, cambia la pila del reloj o actualiza la hora en el móvil. No quiero extenderme, que todos sabemos de lo que estoy hablando.
      Todo esto viene al caso porque, desde hace varios meses, llevo peleandome en una lucha eterna con el ordenador por conseguir unas velocidades de conexión adecuadas a la contratación efectuada. Eso principalmente. Pero, aparte de eso para mi salud mental, l comprobar cómo, sin motivo aparente, la señal del router se iba y venía como si se tratase de las ondas de un teléfono móvil en compañías de cobertura limitada.
      Inicialmente traté de pelearme autodidácticamente navegando por lugares ocultos. Cambiando configuraciones y peleándome con reseteos y puertos escondidos. Fracasando en mí labor de investigación, probé a exigir reclamaciones al servicio de informática que me vendió la niña mimada de la casa y, finalmente y en un acto de desespero, comencé a suplicar lentamente a nuestro amigo adastra por una solución rápida, con propuestas rastreras en busca de un aumento de mi velocidad navegable. En los tiempos que corren, pensé que uno no podía ser más desgraciado que cuando tardaba un mundo en poder ver páginas simultáneas o descargar a velocidades de modem.
      Y cuando la desesperación fue máxima, una llamada a Pablo, que no llevará llaves pero me abrió algunas puertas, hizo que comenzaran a funcionar en mi despistada cabeza unas desconocidas neuronas que creía infectadas con algún tipo de virus troyano o similar.
      De ahí a estos momentos sólo van unos cuantos golpes con el puño cerrado a mi frente enrojecida, unas lamentos en hebreos y un reinicio de mi sistema para volver a la autopista virtual.
      La solución al problema me la guardo. Tengo un límite de auto vergüenza que prefiero esconder tras estas líneas de hoy que debía prosar sobre otros temas menos técnicos.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
Gatinha dijo
En primer lugar : BIENVENIDO¡¡¡¡
Ya le decía a cierta estrella que se te echaba de menos por aquí.
No sabes como me gustaría saber como resolviste tu problema, es probable que sea parecido a lo que le pasó a cierta mexicana que, en un momento crítico de trabajo, no podía imprimir y después de maldecir mil veces a los aparatos resultó que estaba "clickeando" todo el tiempo, el botón equivocado, pobre chica...pobre impresora.
Besos
20 Septiembre 2006 | 04:50 PM