Necesidad fraternal
      Una vez solucionado el problemilla que impedía mantener una conexión informática decente y, tras mostrar mi perfil de asesino psicópata a punto de satisfacer mis deseos más depravados con mi queridísima y amada esposa (es muy bestia esto que acabo de decir, pero una banda ancha es una banda ancha), prosigo mis comentarios triviales con una reflexión la mar de divertida que he encontrado en uno de esos libros para padres primerizos y que me hace mucha gracia por lo , a mi juicio, acertada visión sobre el tema.
      Verán.. No es que sea muy partidario del tema, pero es posible que en un futuro no muy lejano Patricia conozca a un hermano que la acompañe en su maravillosa vida. No suelten las campanas al vuelo que aún no me he puesto a ello. Tampoco estoy todo el día con el ordenador.
      El caso es que mi satisfacción personal ya ha sido alcanzada con el mayor regalo que he recibido nunca. La presencia de Patricia ha sido un rayo de esperanza imprescindible para que vea todo el mundo que me rodea de una forma más que positiva. Es la razón principal por la que me trae sin cuidado problemas catastróficos anteriores como que perdiera tu equipo de fútbol o te quedaras sin ver el preestreno de la última película de tu director preferido. Todo eso me resulta jocoso y hasta lamentable en estos momentos. Quien me conoce recuerda como era capaz de ver tres películas seguidas después de trabajar la noche anterior sólo para mantener un estado de vigilia adecuado. En la actualidad, el cine es aquel lugar que queda de camino entre la heladería y las tiendas e juguetes. Pero lo curioso de todo es que me importa bien poco (siempre que la conexión siga funcionando, claro).
      Sin desviarme del tema, el hecho de traer un hijo a casa me ha completado. He descubierto que mi corazón tenía hueco para algo más que para mi Janecita y que es fácil usarlo de manera desinteresada. No encontraba nada más importante en la vida pero entonces aparece el dilema:
      ¿Vale o no la pena traer un hermano al mundo para Patricia?
      Y ahí es donde surgen todo tipo de dudas que, por fortuna, empiezan a aclarase lentamente.
      Y es que, ¿Qué necesidad tengo de complicarme aún más la vida si ya tengo cubiertas mis necesidades?, ¿cómo mantener el nivel de vida actual y, lo que es peor, cómo equiparar todos los gastos entre ambos enanos para que tengan las mismas oportunidades sin que se resienta aun más mi denostada economía?. Pues no veo mayor explicación que la de ser el causante de que Patricia no disfrute como yo durante tantos años del placer de tener una hermana con la que compartir todas y cada una de las cosas con las que he disfrutado o padecido en mi vida. Quien si no ella ha sabido comprenderme en determinados momentos cuando las circunstancias no eran las más apropiadas. Quien si no fue la cara que más recuerdo cuando salí de la puerta del paritorio después de ver a mi pequeña y con la que me fundí literalmente en el más bello de los abrazos. Si, sin dudarlo, un hermano ha sido, es y será uno de los pilares fundamentales en mi vida.
      No quiero obligar a nadie a que piense de manera semejante, ya que cada cual es un mundo y vemos historias por ahí que tienen poco que ver con mi experiencia. Es precisamente por eso, que es la mía, por lo que estoy convencido de la necesidad particular de un amor fraterno en la vida de una persona.
      Así que tomada la decisión entre nosotros, ahora sólo falta decidir cuando es el momento más propicio. Eso se me antoja más complicado ya que aun no me he hecho a la idea, pero el tiempo pasa y no me veo con fuerzas como para empezar a planteármelo cuando ya Patricia se valga por sí misma y deba reiniciar mi sistema con un nuevo programa.
      Pues así está la situación en estos momentos, y estos desvaríos vienen motivados por la comparación que hace el libro que tengo entre manos sobre la educación infantil para padres novatos como yo.
      Básicamente narra lo siguiente: Cómo plantearle a tu primogénito la necesidad o no de tener un hermanito, y lo comparan con hacer la misma pregunta a tu esposa. Pruébenlo y verán lo divertido que puede llegar a ser:
      “Cariño, quieres tener una segunda mujer en casa. Será muy agradable para todos y te ayudará a compartir las tareas”
      “Será nuestra esposa, nos querremos todos y cuidaremos juntos cada uno del otro”
      “Ahora necesitare de mi mujercita para que me ayude a cuidar de mi joven y nueva esposa”
      Son buenísimos los ejemplos, no los encuentro más acertados para la situación.
      A por cierto, si alguien está interesado, el libro es de Penélope Leach, “Bebé y niño, la guía esencial para los padres” y está editado por Grijalbo.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
adastra dijo
¿Janet? ¿Banda ancha? ¿Psicópata?
¿Qué rayos hizo Janet con el router, eh?
21 Septiembre 2006 | 01:04 PM