Necesito una crema de esas
      Podría ser que me esté haciendo viejo antes de lo que pensaba. No llega a ser una sensación tan desagradable como presumía cuando apenas tenía dieciocho años, pero no me puedo negar ante la evidencia. Los años van pasando y, aunque aun estoy a años luz de lo que, espero, me corresponde en este pedacito de vida que me han regalado, ya noto como ciertos síntomas me delatan como una persona adulta. Es como aquella ocasión en la que me puse frente al espejo y descubrí un pelo blanco en la barba o cuando subes aprisa la escalera ante el llanto de Patricia y notas como bajo toda la superficie corpórea existe un corazón reclamando un poquito de ayuda.
      Me gusta la sensación, no es desagradable. Miro a mi alrededor y me siento como un chaval, con inquietudes, ambiciones y con ganas de vivir. Cuando veo a mis compañeros de trabajo mayores, me confirmo en mi juventud, y hablando con padres, tíos y hermanos me convenzo de lo que es obvio. Además mis intereses no distan demasiado de los que tenía en la universidad o en mi tapa de la edad del pavo. O sí.
      La cuestión es que tenía las mismas sensaciones hace diez años, e incluso más. Recuerdo pensar en aquella época que cuando alcanzara los treinta ya habría madurado lo suficiente como para dejar de pensar en los videojuegos, internet o películas de monstruos y que estaría centrado en aquellas cosas que se suponen llevan implícita la treintena.
      Y justo ayer, durante la larguísima jornada laboral a la que me vi sometido, el planteamiento de la madurez empezó a rondar por mi cabeza hasta el punto de querer plasmarlo sobre estas líneas para, espero, reírme de ello dentro de, no sé, quince años más adelante.
      Y todo porque me doy cuenta de que cada día me pongo de mal humor con mayor facilidad. Y eso tiene que ser un signo de la edad, porque yo nunca había sido de esos. Yo era de los que encontraba un punto de humor ante cualquier tipo de adversidad y de los que apenas tenía preocupaciones. Pero ahora cada vez son más y no se si esto mejorará en un fututo cercano o la cosa va cuesta abajo. De ahí a los problemas físicos no va nada.
      Si empiezo a enumerar todas y cada una de las causas de mis continuos cabreos que me pillo últimamente en el trabajo recibiría comentarios del tipo: “no te preocupes, que es normal que te cabrees”, pero da igual, no es el tema de hoy. Simplemente creo que cada uno tiene una función en el sistema sanitario, por la que nos pagan (a unos más o mejor que a otros) y por la que somos responsables. Y me cabrea la apatía, dejadez o caradura de los que se aprovechan de los impulsos laboriosos de los demás. Nada más. Solo pido que cada uno respete a sus compañeros en su trabajo y eso incluye el que cada cual asíe con fuerza su remo para navegar en una dirección conjunta.
      Creo que lo quieren llamar el Burn Out o algo así. Yo lo denominaré “mala racha” o “aguas turbulentas” que se calmarán cuando menos me lo espere.
      Y claro, como uno siempre ha sido de risa fácil, carente de preocupaciones y del flower power, ahora nos convertimos, de forma automática, en “el malo de la película, en el “ya no es como antes” o en “a este tío le pasa algo”.Posiblemente la incorporación del resto de la tribu hará que el lastre sea más llevadero o, al menos, mas divertido (logoss, te queda poquito).
      En fin, todo ese rollo de cascarrabias me está haciendo envejecer rápido. O será que Patricia me obliga a ello con su asombroso desarrollo.
      Fin de semana `para pensar en ello.


Soy David. O mejor sinsangre. Ya entre en la edad que te obliga a buscar metas en tu vida o a perderla para siempre. Esposo, Papá, Hijo, hermano. Muchas cosas para una sola persona.
Trabajo en un hospital de tantos, Vivo en una isla maravillosa (Gran Canaria, no aceptamos Las Palmas), leo, voy al cine, escucho música. Como todos, pero con mi toque personal. Léeme y ya me conocerás mejor.
logoss dijo
Sip... Estooooooooo... Estás envejeciendo... sippppp... ¿Pero de qué puñetas estás hablando? ¿Con quién te has mosqueado?¿Eh? A ver, que eso de desear el mal ajeno (ya estás pidiendo que vuelva, qué malo eres... jejejeje...) En fin, creo que la gente evoluciona según las circunstancias y, evidentemente, existe mayor afinidad con unos que con otros... solo hay que tener paciencia y contar... 1,2,3... 4,5,6... Yo me calmaré, todos los veréis... et voilá... Un abrazo, ya queda menos para unirme a la patrulla nuevamente (si los mareos me lo permiten, claro...)
23 Septiembre 2006 | 06:46 PM